“A veces la fotografía consiste en no sacar una foto”

Estás en el momento presente, con toda su esencia te atrapa ese instante, te cautiva, te envuelve. Entonces, con cámara en mano, con el deseo de congelar la escena para siempre, hay que definir qué hacer con ella, cómo adaptarla para que luz y tiempo coincidan y puedan capturar fielmente lo que se tiene frente a los ojos. Eso o simplemente no hacer nada y guardar la postal en la memoria. De una vez y para siempre.

Esa es la reflexión con la que Ipek inicia su conversación conmigo. Hablamos de fotografía porque fue por sus fotos que me acerqué a ella, porque es por la fotografía que muchos la siguen y porque es gracias a la fotografía que ha vivido experiencias inolvidables en su vida. Porque es la fotografía el hilo conductor de la versión de su historia que más le agrada contar, la que con más gracia recuerda, la que con más emoción comparte.

Es menuda y hermosa. Su rostro viene adornado por una sonrisa sincera y contagiosa. La conocí en Kampala poco tiempo antes de su viaje a Mongolia, donde recién está empezando una nueva vida.

Compartimos un par de horas entre conversaciones con amigos, una visita al bar y textos y audios por WhatsApp. Nos fuimos conociendo poco a poco y con mi certeza de encontrar historias interesantes en todas las personas, quise escribir en La vida de los otros un poco sobre ella y su sonrisa y mirada abierta para ver el otro.

Foto: cortesía de Ipek. Visiten su sitio web para conocer su trabajo y fascinarse con las fotos que comparte ahí

Es turca, nació en Estambul, la ciudad que ve pasar la vida entre dos continentes; desde los 15 años está haciendo registro de la vida a través del lente de alguna cámara, primero fue una análoga y luego llegó el turno de una digital que la acompaña desde hace siete años por cada rincón del mundo que se atreve a conocer.

“Él me enseñó cómo no hacerlo” me dice, refiriéndose a su primer maestro de fotografía, el amigo de una profesora de la universidad, que le criticó todas sus fotos, le recomendó dejar su hobbie y la animó a dedicarse a otras disciplinas. Él mismo le dio las lecciones más importantes en materia fotográfica y acompañó con paciencia, disciplina y cariño el trabajo entusiasta de Ipek.

Durante su vida al lado de este maestro aprendió que “si la fotografía necesita arreglos en Photoshop, entonces no está hecha” es una imagen que no existe. Y como lo que ella quiere transmitir con la fotografía es la realidad con la que ella se conecta, entonces ha procurado no usar editores de imagen para alterar sus fotos. Presenta imágenes honestas con la realidad, con el instante de la captura.

No vive de la fotografía, pero sí a través de ella.

Después de dedicarse durante sus años de universidad a practicar con calma y paciencia el arte de revelar en cuarto oscuro las imágenes de Estambul, se dedicó a tomar algunas fotografías para la empresa turística con la que trabajaba entonces como guía por su ciudad.

Así hasta viajar a España donde llegó a estudiar, luego se embarcó con su pareja en la aventura de una vida en Uganda, uno de los 54 países del continente madre, de África.

Viviendo en Kampala se consolidó como fotógrafa, agudizó su mirada y combinó su talento visual y estético con el teatro, acercándose a otro lenguaje artístico que la hizo sentir “como alguien real”. Y sí que lo es, claro.

Foto: cortesía de Ipek. Visiten su sitio web para conocer su trabajo y fascinarse con las fotos que comparte ahí

80’ Singing in the Jam fue el nombre del show musical que realizó la sociedad de actores amateur en Kampala (Kampala Amateur Dramatic Society, KADS), un grupo de personas que desde el 2005 ha venido motivando la práctica de las artes escénicas en los jóvenes de esta ciudad. Cada año realizan una muestra artística de su trabajo, como cierre del proceso formativo que reciben gracias al tiempo y talento de voluntarios que donan su quehacer para aportar lo mejor al grupo.

Ipek llegó al grupo buscando alternativas de esparcimiento en la ciudad, pues si bien Kampala cuenta con una agenda cultural y artística decente, esta se queda, a veces, corta para los intereses de muchos de los propios y migrantes que la habitan y buscan alternativas para pasar su tiempo libre.

Antes de ser la protagonista del escenario, se reunió con sus más de 20 compañeros en el salón de la parte de atrás de un bar irlandés muy conocido en Kampala. Ese bar con un gran espacio al aire libre adornó mesas y pasillos, durante un fin de semana del mes de junio para que Ipek y sus amigos le dieran al público más de dos horas de alegría evocando la década de los 80 con la presentación de 44 canciones divididas en tres actos en los que Ipek brilló siete veces.

 

Estaba tan nerviosa como esa primera vez que le presentó sus fotografías al hombre que luego se convirtió en su maestro. Lució bella entre los demás actores y dejo claro que es una mujer sensible al arte, a los pequeños detalles y a la vida. Terminó tres noches de danza, música, comida, color y amigos para cerrar así su temporada en Kampala. Tomó fotos a sus compañeros y capturó con su cámara los mejores momentos de un show para no olvidar, uno que al igual que la fotografía la hace vivir intensamente.

Foto: cortesía de Ipek. Visiten su sitio web para conocer su trabajo y fascinarse con las fotos que comparte ahí.

Sigue apretando el obturador, esta vez desde Asia; Mongolia es su nuevo hogar. Sus fotos siguen reflejando su paso por las realidades de pueblos, personas, objetos y animales. Son tomas que llevan el arte en su composición y que nos regalan una versión sincera del mundo. Como debe ser siempre la fotografía, sincera, auténtica y fiable. Como el arte. Como Ipek.