Boyacá, tierra bella

Se complicó la vaina cuando dos semanas antes del viaje, Boyacá se convirtió en el centro de una de las manifestaciones más grandes que ha tenido Colombia en los últimos tiempos. Estábamos viviendo un paro agrario y los campesinos de esta zona bloquearon calles, salieron de sus campos y se concentraron para pedir al gobierno garantías de vida. En fin, la situación estaba delicada y el desplazamiento a esa zona del país, también. Cambiar los tiquetes era imposible, tenía susto de perder todo lo que había invertido en ese viaje. Lo peor llegó cuando desde la organización del festival de cine, un pretexto para escoger esta zona, un comunicado decía que el festival se iba a pasar de fecha y que no se iba a realizar como se tenía previsto, el primer fin de semana de septiembre. Impotencia, no podía hacer nada, me gustaba ver como el pueblo estaba reclamando lo suyo y como el país se movilizaba pero me daba tristeza que el festival no se realizara. Y me daba más tristeza que el viaje se desdibujara y no lo pudiera hacer.

Al final, las cosas medio se tranquilizaron y era viable viajar. No íbamos para el festival, pero íbamos a conocer y a escapar por unos días de esta Ciudad.

El viaje, lo inicié con Lili, una amiga, y su hija Manuela.

En fin, se llegó el día y madrugamos. Nos encontramos las 3 en el HOTEL Nutibara para subir al aeropuerto, cuando llegamos, nos dimos cuenta que el vuelo estaba retrasado por complicaciones con el clima en Bogotá…. Ay, parecía un chiste, era como si ese viaje no nos conviniera.Total, no nos tocó esperar mucho, luego de una hora de espera salimos y en Bogotá estábamos antes del medio día. Atravesamos la Ciudad en Transmilenio y llegamos al Portal norte para coger un bus que nos llevara a Villa. El próximo salía a las 3 mientras que a Tunja estaba por salir, ¡pues vamos a Tunja!

*Tunja es un pueblo grande, mucho.

El dato: Capital del departamento de Boyacá. Distancia: desde Medellín 480 km Pero como estaba en Bogotá 130km.

Clima, frío.

Las montañas más bellas que he visto. Me han dicho que me falta ver las de Nariño, por ahora estas son las más hermosas, los cultivos se ven del bus como paisajes pintados por alguien más. Las montañas de Antioquia, o bueno, por lo menos las de Medellín que son las que me rodean, definitivamente no son sino grandes e imponentes. Bonitas, no.

Pasamos por el puente de Boyacá, se ve muy lindo de lejos, pero da la impresión de ser algo que simplemente está ahí puesto, parece como ajeno a la tierra, como si no perteneciera realmente a ese espacio. No sé. Llegamos a Tunja, no es muy bonito, pero tiene una plaza gigante y bella rodeada de banderas. Allí estuvimos parte de la tarde, almorzamos un ajiaco que parecía más sopa de verduras, pues nunca le encontramos el pollo. Fue muy triste. Fuimos a recorrer la plaza, y encontramos vestigios de lo que había sido el Paro. Carteles, grafitis, algunas fachadas dañabas y eso si, mucho apoyo fue lo que pude observar.

Después del recorrido, nos fuimos de nuevo a la terminal para coger un bus que nos llevara a Villa de Leyva. Casi hora y media duró el recorrido, pues en medio del camino nos tocó esperar un rato pues la vía, por motivo de arreglos, estaba cerrada.

*Villa de Leyva

El dato: Pueblo hermoso, reconocido como monumento Nacional. Estilo colonial y paisajes rurales.

Distancia: 40 Km desde Tunja.

Clima, frío. Porque estamos a 2.143 metros sobre el nivel del mar. ¡2.143!

Llegamos en medio de la lluvia a Villa de Leyva, estaba anocheciendo y estábamos cansadas. En un taxi nos fuimos al hostal, la señora que conducía fue muy formal y ofreció seguir transportándonos, así que tomamos sus datos para volverla a llamar.

El Hostal es lindo. Se llama Casa Viena y está a unos 10min caminando de la Plaza. Mientras íbamos en el taxi, a pesar de la lluvia, uno podía ver el pueblo, las casitas blancas con balcones en madera hermosísimos, y además de eso, sentir las piedras de las calles. Es maravilloso. Ya en el Hostal, nos acomodamos, Lili y Manu se quedaron en una habitación gigante, con terraza y todo, yo compartí habitación, esa primera noche con un chico de Canadá y una sueca. ¡Dios mío! Qué complicado hablar, y qué divertido también. Esa primera noche, hablamos un rato con los chicos del Hostal y cuadramos nuestra visita, al otro día a los alrededores del pueblo.

Lago, desierto, historia y ciudad 

Muy temprano nos levantamos, llamamos a la señora del taxi y nos fuimos a recorrer las afueras del pueblo. Empezamos con una zona desértica, caminos por lo menos una hora y luego, fuimos a los pozos azules, son 6 pozos no muy grandes, pero sí muy bellos ubicados en una propiedad privada. Te cobran 3000 pesos para entrar. Vale la pena, porque ves pozos con agua verde, azul, amarillo todo muy natural, el paisaje, es espectacular.

Salimos de ahí y fuimos a El Infiernito. Un museo arqueológico de los Muiscas donde te cuentan la historia de cómo hacían para determinar el tiempo oportuno para la cosecha y te enseñan la concepción que tenían ellos de la sexualidad. No es un espacio muy grande, por el contrario, es pequeño y se recorre fácil, vale 6000 pesos la entrada y también permite divisar un paisaje muy hermoso.

De ahí, fuimos al museo El Fósil. Es un lugar muy bonito, donde te impresiona ver parte del esqueleto de un animal acuático gigante que al parecer perteneció a un reptil que habitó villa de leyva cuando ésta era un mar… Eso entendí.

Además de eso, en el museo no hay mayores atractivos, pero cuando sales, te encuentras unas casitas en las que venden artesanías, y son muy bonitas, por lo menos conversar con la gente resulta emocionante, pues te cuentan muchas cosas y conoces mejor lo que hacen.

Como habíamos madrugado, eran las 2 y ya habíamos hecho el recorrido planeado, así que volvimos a Villa y nos quedamos en la plaza parte de la tarde. Hacía un sol de envidia, el día estaba realmente muy hermoso y en la plaza, en esa gigante plaza todo parecía mejor. Tomamos algunas fotos recorrimos las calles, un museo y algunos lugares lindos del pueblo. Después, fuimos al Hostal a descansar y pasar un rato con los chicos.

Esa noche, ya el Canadiense y la sueca no estaban. Llegó un brasileño y conversamos mucho, pues él si sabía hablar muy bien español. Organizamos viaje para el otro día y dormimos.

Madrugar ara seguir recorriendo caminos Boyacenses

Nos levantamos muy temprano para ir a Ráquira y sus alrededores. Nos habían recomendado en especial ir a ese pueblo, porque íbamos a ver todas las artesanías de la zona. Y sí que vimos.

*Ráquira:

El dato: capital artesanal de Colombia

Distancia: como 17 km desde Villa de Leyva

Clima: frío

Lili, Manu, Leandro (el brasileño), don Rodrigo (el esposo de la señora que el primer día nos transportó) y yo, visitamos unos de los pueblitos más lindos que conozco, es parecido a Guatapé porque las casas son muy coloridas, pero es mucho más bonito y los negocios de artesanías son gigantes, el parque principal y la iglesia son muy bonitos y resulta muy curioso encontrar en el centro del parque, en la fuente, la figura de un niño orinando. De vuelta, pasamos por Sutamarcha, el referente de esta tierra es que de ahí es Don Jediondo, y luego por Tinjacá.

Dejamos a Leandro cerca a El Infiernito y nosotras fuimos hasta la casa Terracota, una casa de barro que llevan 14 años construyendo. Resulta interesante verla. Aunque no se conoce mucho ni hay con quien conversar sobre su construcción.

De Terracota, de nuevo a Villa de Leyva. Estuvimos en el Museo de Antonio Nariño, hicimos otro recorridos por las calles y en la tarde, nos quedamos en la plaza, ese día jugó la Selección y era bonito ver la gente en los bares del pueblo viendo fútbol.

Ver el atardecer en esa plaza, con una cerveza en mano y hablando con amigos, es uno de los placeres sencillos más bacanos de la vida. Ya en la noche, decidí estar sola en la plaza, a eso de las 9 empezó a llegar mucha más gente y se pobló casi en su totalidad. Estaba haciendo mucho frío, desde que llegué no había sentido tanto. Total, estaba en Villa de Leyva, lejos de casa en un lugar hermosisisisisimo recomendado para que cualquiera vaya, estaba con cerveza y cigarrillo en mano, no parecía estar con nadie al rededor, los problemas que había dejado en Medellín desaparecieron por un momento y pensé con coherencia qué hacer, fue una noche bonita. Entonces compré un 1/4 de aguardiente Líder , que es lo que uno consigue allá. Gas… me tomé 5 copitas y me puso mal. Muy mal. Por estar sola, me tocó subir al Hostal y vomitar allá, me re-cagué la noche pero menos mal ya había pasado rico. ¡Maldito aguardiente Líder, te odio¡ ¡Te amo aguardiente Antioqueño!

Charlamos un rato mientras se me pasaba la vaina y acordamos volver a vernos con Leandro, pues el viajaría en una semana a Medellín y le mostraría lugares de la Ciudad. ¡Qué emoción mostrarle la Ciudad a alguien más! -_-

No hay palabras para eso. Es bella, fin.

Ese día, íbamos a la Laguna de Tota. Yo salí con maleta en espalda, pues de ahí, saldría para Bogotá, Lili y Manu, si volverían a Villa. Empezamos el recorrido con don Rodrigo, después de llevarnos a Ráquira, él se convirtió en nuestro anfitrión y nos acompañó a todo. Gran hombre.

¡Chao Villa de Leyva, te recordaré, sos hermosa y volveré. Seguro!

Pasamos por Arcauco, Combita, El pantano de Vargas, que me pareció de lo más bonito, es un monumento a una de las batallas entre lanzados y españoles. El paisaje es hermoso de verdad, hay que ir.

De ahí, pasamos por Firavitoba e Iza. Pueblos muy bonitos todos, comimos postre y visitamos las iglesias, son muy bonitas y ese frío es hasta especial.

Fuimos después a Tota… Oh, por dios, Tota. Es un pueblo que se caracteriza por el cultivo de la cebolla y por su laguna, su hermosa y gran laguna.

Estuvimos mucho rato en la Laguna, yo hasta metí mis piernas a esas aguas heladas y transparentes. Almorzamos, divisamos la belleza, le dimos toda la vuelta y finalmente con mucha nostalgia de paisaje hermoso salimos y llegamos a Aquitania, pasamos por Sogamozo y llegamos a Monguí.

*Monguí

El dato: Municipio del balón. Uno de los pueblos patrimonios de Colombia

Clima: 2.900 metros sobre el nivel del mar. ¡ja! Frío, por supuesto.

Monguí es uno de los pueblos Patrimonio de Colombia, está en lo alto de una montaña y es al igual que Villa de Leyva, hermoso. Casitas blancas con balcones en madera, y una plaza con suelo en piedra que ese día estaba celebrando las fiestas de la virgen de Monguí. Fuimos muy afortunadas de poder estar en ese lugar. Hace un frío de los mil demonios, pero el paisaje de las montañas, todo lo vale, todo.

Monguí, es la tierra de los balones, sí. Fabrican todo tipo de balones y los exhiben en las fachadas de sus casas.

¡Chao Monguí, sos hermoso!

Ahora a Nopsa, ahí se caracterizan es por las ruanas, ruanas por aquí, por allá. todo es ruanas. Tienen un parque muy bonito y grande y la iglesia… hermosa. Un santuario muy acogedor de verdad.

Finalmente Duitama y Paipa. Duitama, no es bonito, es más bien feito, es la capital industrial de Boyacá y pues lo único que me sorprendió, fue la gigantesca fabrica de carbón que vi.

Ahora, Bogotá. Chao Boyacá, eres grande, hermosa y todos te deberíamos recorrer, de verdad.

Dos horas duró el viaje, fue eterno. Llegué al portal norte, me monté al trasmilenio que Cami me había dicho que cogiera y llegué al centro. Mis amigos ya estaban ahí esperando por mi. ¡Lindos! Fuimos al Chorro de Quevedo, me encantó, los colores, la gente el ambiente. Luego a casa a dormir, porque estaba re-mamada.

No quería que el viaje acabara. No.

Pero tocaba. La casa de mis amigos es hermosa y me gusta mucho estar con ellos allá en Bogotá, siempre resulta algo genial para hacer y ese día no fue diferente.

Esperamos a otros amigos y fuimos hasta la Media torta a ver a Lucio, un amigo músico que nos encanta y que siempre que se puede hay que ir a acompañar, pasamos parte de la tarde y al final me tocó, sin ganas dejarlos, dejar Bogotá, dejar el viaje y volver a Medellín con todo lo que eso significaba.

Desde que fui a Panamá han sido pocos los lugares que se roban mi top de maravillas, Boyacá es de lejos uno de los lugares que supera lo visto en ese viaje. Boyacá es hermoso, estoy segura de volver a Villa de Leyva y quizá a la Laguna de Tota. Los otros lugares los guardaré en mi corazón y los coleccionaré para extrañar cuando añore estar en la paz del campo, en la tranquilidad del paisaje y cuando quiera conocer personas que con su sencillez atrapan y le dicen al corazón “andate ligerita de equipaje, camina por la vida sin mucho, verás”

¡Hasta que volvamos a salir de esta Ciudad, que será pronto!

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