Camino de Santiago: intenso y potente. Una aventura memorable

Empecemos

¿Cómo?

Como empezamos todo

¿Cómo todo?

Como la vida misma, ¿no?

¿Cómo empieza uno la vida?

Lo hace cada día. Un paso. Dos pasos, tres pasos. Se anda y así se vive. Se camina y así algunas cosas van tomando forma. Se marcha y así se vive en movimiento, se vive y no hay otra forma de estar aquí y ahora.

Empecemos. Un paso, dos pasos, tres pasos, cuatro pasos, cinco pasos, seis pasos, siete pasos, ocho pasos… Un metro, dos metros, tres metros… un kilómetro, dos kilómetros, tres kilómetros. Una hora, dos horas, tres horas. Un día, dos días, tres días. Una vida en el cumpleaños uno, luego dos vidas, tres vidas. Cada día se nace, cada día se muere, vamos dando pasos. Un paso, dos pasos, tres pasos.

Dentro de cada uno se encuentra lo que se busca. Dentro de cada uno se pierde lo que se encuentra. Cada día se nace, cada día se muere, vamos dando pasos. Un paso, dos pasos, tres pasos.

Caminé algo como 95 kilómetros en 5 días. Lo hice a pie, sí, con los míos. Estuve sola y también acompañada, me cansé mucho. Fui consciente de mis pies, piernas y fuerza física como nunca. Me sentí muy querida, me reconocí muy humana, me convertí en una persona fuerte, me quejé y renegué de esa queja; aprendí a no hacerlo más. Marché y caminé lento. Me esperé a mi misma cuando no podía más. Bebí vino y sonreí muchas veces. Lloré en algunos tramos. Sentí miedo en otros. Conocí personas maravillosas, me enamoré, más, de España. Vi los paisajes de mi infancia y me reconcilié con mi historia. Hablé con Dios y lo sentí. Trascendí un poco, me amé mucho y terminé otra.

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El Camino de Santiago es el nombre que recibe la red de caminos de peregrinación cristiana de origen medieval que se dirigen a la tumba del apóstol Santiago el Mayor, situada en la catedral de Santiago de Compostela en la región de Galicia al norte de España. No vamos a saber con exactitud muchos datos… dónde empieza realmente, porque hay varias rutas desde Portugal, Francia, Italia… e indicios de que en realidad empieza es en Jerusalén. Tampoco sabremos sí realmente están o no los restos del apóstol allí y jamás terminaremos de comprender si fue una ruta netamente religiosa o militar (ya sabemos que la iglesia tenía el poder sobre todo entonces, así que hay pistas de qué va…) Y creo que no importa no saber a ciencia cierta muchas de estas cosas, porque este camino es una metáfora a la vida misma y en la vida misma muchas cosas no tienen sentido y sin embargo suceden, nos trascienden, confrontan y nos permiten eso, vivir.

Yo lo hice porque me llamaba la atención conocer otra región de España, porque era un plan que se ajustaba a mi presupuesto, porque me emocionaba la idea de caminar por horas seguidas, porque quería cerrar mi año sabático con una experiencia al natural, porque quería acercarme a un rito religioso como el de la peregrinación y porque quería saber si era capaz de hacerlo.

Este post se divide en dos grandes partes. Por un lado voy a hacer un repaso de los apuntes más significativos que tengo sobre esta experiencia y por otro, dejaré algunas notas practicas sobre cómo lo hice, logísticamente hablando y que quizá puedan servir a otros para aventurarse a vivir esta experiencia intensa y potente.

«Peregrino es todo aquél que tiene un espíritu libre, un equipaje ligero, un alma solidaria, y sigue espontáneamente el camino de sus sueños»

Frase del Camino

Mis apuntes importantes, importantísimos, sobre la experiencia son:

  • Nunca estamos solos, el mundo es un lugar maravilloso para estar y a la final, nuestro corazón no necesita de mucho para estar a salvo y sentirse alegre y/o feliz.

En mi mochila, una de 40 litros que puede cargar hasta 25 kl, yo llevaba 9. A veces más, a veces menos.

Dos pantalones deportivos y una pantaloneta. 5 camisetas deportivas. Un buso, una camiseta manga larga y una chaqueta. Una sábana, una pequeña almohada, una cobija (me la tome del avión y fue el mejor robo de la historia. Lo siento KLM, pero esa cobijita azul me salvó de mucho frío), un par de zapatos domados, unas sandalias, 5 calzones, 2 tops, 5 pares de medias, un termo, mi kit de cubiertos, mi kit de limpieza personal que no es gran cosa, mi kit de primeros auxilios que fue un gran aliado, un bastón, un frasco de mermelada de fresa, bloqueador, una gorra, gafas de sol, mi toalla, un paquete de pañitos, mi libreta, mi celular y un cargador con su batería, la navaja protectora que se ha convertido en amuleto, toallitas para la cara, la billetera, el pasaporte y comidita extra por si acaso (soy super glotona). Con todo eso, porque sí, fue un montón, viví 5 días Y NO ME FALTÓ NADA. Sobro, compartí, regalé y también recibí de otros.

No necesité más para hacer el camino, no quise nada más para llevar conmigo. Y así en la vida misma.

  • Cada día a la vez, es una vida entera.

Como escribí por allá arriba, cada día se nace, cada día se muere, vamos dando pasos. Un paso, dos pasos, tres pasos… Al final de cada jornada los pies no daban más. A veces las ampollas eran lo más doloroso, otras veces las rodillas eran las que clamaban descanso y otras la espalda. A veces, sobre todo, era la mente la que pedía paz y el corazón el que gritaba abandonar la idea de darle cabida a la razón. Una comida caliente, vaselina para los pies, una ducha en paz, una cama y ya. Al otro día un cuerpo agradecido, capaz y fortalecido se levantaba a soportar la nueva etapa. Qué fortuna habitar este cuerpo, serlo.

Cada día como una oportunidad. Cada día como una nueva vida. Un proceso que no es lineal, que no es definitivo, un camino que sí, se hace al andar, cada día, pasito a pasito.

  • Compartimos y al hacerlo no juzgamos. Compartimos y al hacerlo, la vida se potencia. Compartimos y al hacerlo, somos más felices y menos miserables.

En el Camino compartes el saludo, el #BuenCamino como lema, la fruta como repuesto, la habitación como guarida, la sonrisa como motor, la comida como escusa y el amor como recompensa. Como no se necesita mucho para estar bien, se vive en abundancia y se reconoce en el otro toda tu humanidad.

Conocí personas maravillosas en el camino. Imperfectas. Solidarias. Prudentes. Espontaneas. Ridículas. Escandalosas. Amorosas. Reticentes. Gordos. Altos. Ancianos. Niños. Atléticos. Cansados. Divorciados. Emparejados. Creyentes. Deportistas. La diversidad en la ruta demostrando la universalidad y dejando claro que se convive mejor en la diferencia. Que eso es complemento y aprendizaje.

Guardo con cariño la imagen del rostro de la mujer que en la última etapa se quitó su capa para dármela y permitir que mi mochila no se mojara. También tengo en mi recuerdo la generosidad de Marcela, Camilo y Sebastián una familia colombiana que me acogió durante el viaje y con los que pasé la última noche en Santiago. Estuvimos rodeados de historia, vino, cerveza, anécdotas y coincidencias. Mejor cuadro, imposible.

Los ojos claros de Alicia y su acepto español que me fascina, la fortaleza de Yolanda y sus piernas largas y firmes me acompañaron por cortos tramos. Cantamos que no podíamos más, brindamos al final del día y nos tuvimos por momentos en los que se hablaban de las jornadas como actos heroicos.

No puedo olvidar los 3 kilómetros que recorrí con Luz Angela, una señora con la que me senté a tomar vivo ya comer mariscos a mitad de los veinte kilómetros del segundo día. Nos reímos a carcajadas de las ocurrencias de ambas y de lo particular que resulta encontrar personas tan parecidas a ti en un viaje tan diverso y amplio. Nos contamos la vida y quizá jamás nos volvamos a ver, pero siempre nos recordaremos con cariño y gracia. Tomé su vitalidad y valentía para el reto de mis días.

La peruana, la mexicana y las señoras de Sudáfrica que me apodaron África desde el primer día que les conté que vivía en Uganda. ¡África! escuchaba yo que me llamaban a mitad del camino. Fue lindo. Ojalá África fuera mi nombre real.

El chico de Madrid que creí que era alemán y al que le hablé en inglés sin que él entendiera; eso fue chistoso y tierno. Caminamos dos horas y también nos contamos la vida. Luego nos vimos al final de la etapa y compartimos mesa con otros peregrinos: un papá de algo como 70 años con su hijo de unos 40. Era la quinta vez que el señor mayor hacía el Camino y tenía la concha del peregrino tatuada en el brazo izquierdo. El alemán que no hablaba bien inglés y se dedica a reparar las máquinas de café de hoteles, restaurantes y boutiques en una pequeña ciudad de su país. Luego nos vimos en Madrid y soñamos con hacer de nuevo el Camino en otro momento de la vida.

Los más de 35 chicos de un colegio de Alicante que fueron de excursión y no paraban de reír, hacer ruido y contar historias increíbles durante los tramos. Los llegué a querer y a odiar al tiempo. Cuánta energía en esos cuerpos.

Y la ternura del grupo de unos veinte italianos que venían de un centro de personas con capacidades especiales. Ellos con sus camisetas moradas, siempre juntos, tomando los snacks a mitad del camino y escuchando reguetón son una de mis postales preferidas a recordar siempre.

Tantas personas, tantos paisajes, tanta vida compartida. Qué fortuna. Unidos somos fuertes y hacemos que las cosas pasen de mejor manera.

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  • Querer estar sola es fundamental. Llorar y sentir angustia, dolor, frustración y tristeza es una forma de vida invaluable.

A veces me sentía mal conmigo misma por la quejadera. A veces la expresaba mucho en voz alta y sentía que eso aburría a los que iban a mi alrededor. A veces solo lo gritaba en mi cabeza y era peor porque ella decía no y mis pies sí y esa contradicción en el mismo cuerpo se sentía brutal.

Cada peregrino tenía su proposito, algunos religiosos, otros atléticos… tantos como peregrinos hay. Compartíamos tiempo, espacio, cansancios, dolores y llagas, pero había una intimidad en el aura que le daba un sentimiento místico al paseo que no puedo explicar y esas circunstancias de cada uno en su corazón hacían del viaje algo espontaneo y humano que me cargó de valor para verlo como un regalo maravilloso a mi vida y a lo que vengo haciendo por convertirme en una mejor persona, profesional y mujer.

Caminar contigo misma y llevarte a realizar acciones impensables es un regalo maravillo para tu trascendencia y para la aventura de la experiencia humana que estamos viviendo. Sentirla con todo lo que trae es una oportunidad invaluable. Sentirlo todo, vivirlo todo. Darle espacio a todas las emociones y sensaciones, abrazarlas y hacerlas parte de uno. Eso es.

Camino de Santiago

Ahora lo práctico.

Empecé el viaje en Sarría, una ciudad que está aproximadamente a 115km de Santiago de Compostela, desde allí se cumple el requisito de kilometraje para que al llegar a la catedral se pueda adquirir la Compostela que certifica religiosamente tu paso por el camino. No era mi interés, pero era el tiempo que tenía para hacer el viaje, entonces coincidió. Me hospedé en los albergues públicos, lugares para peregrinos que están haciendo el camino a pie. Cada noche debes dar un aporte de 6 euros, a cambio tienes una cama con sabana y funda de almohada desechable, duchas, cocinas (no dotadas), espacio social y todo lo que compartir habitación con más de 10 personas trae… diferentes idiomas, conversaciones, ronquidos, otros ruidos, olores, formas de ser. Nada fue impedimento para descansar y tener una buena experiencia. Lo hice así durante las 5 noches de camino, el último día en Santiago, compartí un apartamento con la familia. No fue un ítem en el que gasté mucho dinero.

Camino de Santiago 2

Mis desayunos consistían en tostadas con mermelada, leche caliente y fruta picada. Todo comprado en supermercado la noche anterior. Tampoco gasté mucho en este ítem. Como el almuerzo me cogía caminando, picaba algo en el camino, sola una vez almorcé en ruta y pagué como 10€ por un plato de comida española deliciosa. Las cenas sí eran la comida principal, por lo general en cada pueblo había supermercado, entonces iba y compraba pan, jamón, quesos o pastas, solo dos noches comí por fuera el menú peregrino, abundante y nutritivo. Creo que en comida gasté más que en cualquier cosa. Sin embargo, no creo que superé los 60€ en todo el viaje.

Siempre hay que tener un presupuesto para imprevistos, en Portomarín, la segunda parada hacía un frío impensable y tuve que comprar un saco…. sí, teniendo mil en casa. También unas medias extra. Hay algunos souvenirs lindos, yo solo compré un pin 1€, la credencial para llenar de sellos 2€ y la concha del Camino 2€.

En el botiquín, lo básico. Curitas, microporo, banditas, agujas para pinchar las ampollas, algodón, mentolín, alcohol, vaselina (fue mi mejor amiga, siempre masajeaba los pies con ellas antes y después de terminar la jornada) y un antiséptico para aplicar luego de curar las ampollas. Nada del otro mundo. No necesité más. Por supuesto según los días caminando, las necesidades pueden cambiar.

A nivel general puedo decir que fue una ruta muy cómoda, servicios cada par de kilómetros, opciones de pago en efectivo o con tarjeta, albergues de todos los tamaños, precios y comodidades, servicio de transporte si llegas a sentir que no puedes más, como yo que fui floja mental en un tramo e hice 15km en bus,  conexión a internet en cada pueblo y durante la ruta, baños limpios, cordialidad al orden del día, respeto por la naturaleza, responsabilidad viajera, información clara, buena energía.

Sólo sé consecuente con lo que tu cuerpo dice, comparte, mantente, escucha (te), confía mucho en ti y en la capacidad milagrosa de tu cuerpo para regenerarse, sigue la flecha amarilla siempre y ten un #BuenCamino.

Camino de Santiago

Dos indispensables a la hora de planearlo:

Ver toda la información en la web oficial. Todo está claro, actualizado y concreto.

A mí, este grupo en Facebook además de aclararme dudas, me inspiró un montón. Todavía vivo siguiéndolo y emocionándome con los Caminos de los que publican. Me encanta compartir y chismorrear lo que otros viven.

En mi Instagram hay una story destacada con apuntes del viaje.