Desplazamiento de vida

Sí, llegan los libros a nosotros, justo en el momento en el que más los necesitamos. Me encontré con El Mundo, una novela de Juan José Millás, en medio del desconocimiento de su existencia. Fue un encuentro involuntario de lo más curioso.

Salí de clase y fui a la feria del libro que estaban realizando en UPB, encontré varios libros que llamaron mi atención, de pronto, pase por el lado de esta novela y claro, leí su sinopsis. Me enredó…

“ Hay libros que forman parte de un plan y libros que, al modo del automóvil que se salta un semáforo, se cruzan violentamente en tu existencia. Éste es de los que se saltan el semáforo. …” Así empieza, y ¿cómo no dejarse entonces cautivar por esas letras? Mientras leía la obra, en mi vida,  una muerte se presentaba. Una perdida dolorosa que no estaba preparada para vivir, pero que la vida me impuso. Era una pequeña muerte que suponía el fin de una relación de varios años, de mil historias, de un montón de risas, de aprendizajes  y un sin número de lagrimas. Una relación que supuso un cambio en  mi forma de pensar y ver las cosas, en mi formación como profesional y hasta en eso de entender el amor. Una relación que pensé, apenas empezaba y se fortalecía cada día con las distancias, las ausencias, las diferencias,  las preocupaciones, las felicidades y los logros de cada una que parecían en realidad hacer feliz  a la otra y fortalecer los lazos.

Como en la historia de Juan José, en mi vida, y en la de todos, cada día las decisiones se toman para poder continuar, o para poder parar, como en mi caso, como en el caso de ella que fue la que decidió dejar, dejarme, dejarnos…

Una amiga dijo no más, partió de mi lado con su montón de razones a espaldas,  dejando claro, un sin sabor en mi corazón, pues no es justo, pienso yo, que lo haga. ¿Quién será uno para decirle al otro no, no te vayas, lo valgo todo?,¿quién se creerá uno para no entender que el otro tiene razones en las que no se cabe y en las que no se tiene opción de reproche?, ¿quién diablos es uno para romper las ideas y tratar de cambiar al otro? Yo creía que los momentos juntas, como amigas, cómplices, como compañeras… eran suficientes, pero no. Nunca nada es suficiente.

En el libro, en medio de una de las tantas historias, aparece esto: “El problema era que no nos colocábamos en el lugar adecuado para observar la realidad, por eso veíamos muertes donde sólo había desplazamientos de la vida. “ Pág 94

Yo, después de tener roto el corazón y llorar hasta que el alma prácticamente se me saliera por los ojos,  me fui a compartir la felicidad de otros amigos… de unos que todavía están ahí, en mi vida. Por un momento, y mientras tenía al mar, al sol,  al montón de colores en el firmamento… todo eso, puesto ahí para mi, la herida, por la ausencia que se empezaba a notar, se hacía más grande, pero se cauterizaba y me fui desprendiendo o bueno desprendiendo no, sino entendiendo que la ida de ella de mi vida, no era una muerte como lo pensaba, era un desplazamiento de la vida, de mi vida, de la de ella.

Toca decir adiós, cerrar, entender y dejar, dejar ir, soltar, poco a poco como si no pesara… como si fuera liviano, como si el peso de las cosas no existirá.

Toca, como siempre lo he dicho, buscar las respuestas más acá que allá, y en esa medida no creernos  capaces  de atar al otro justificando las ganas con los momentos vividos, pues ya fueron vividos y como todas las historias quedan ahí para hacernos recordar momentos y lograr la simultaneidad de los tiempos con o sin el otro al lado, porque no son muertes son desplazamientos de la vida.

Deja aqui tu comentario