El cuerpo que soy

Durante la cuarentena vi mi cuerpo cansado y vulnerable. Tengo una buena relación con él, porque hace mucho entendí que es mi casa, mi portal de acceso al mundo: mi contacto con la belleza y también con todo lo demás. 

Los días en esta casa exigen conocimiento y conciencia; reflexionar desde la magia que ocurre en el útero hasta los milagros y demonios  que habitan la cabeza. 

Esta cuarentena ha sido la oportunidad de pensar con humildad la gracia del cuerpo que soy, de abrazarlo y encontrarlo más hermoso y funcional. Bello. 

De reconciliarme con las imperfecciones que me ha vendido el sistema y de amigar con las heridas que en el pasado le cause producto de la desconexión brutal que existía entonces. 

Sólo hasta ahora, en la segunda mitad de mis veinte, pude reconocer y dar sentido a la idea de cuerpo como casa. Y si aquí estoy, aquí todo tengo.

Siempre he hecho diferentes ejercicios creativos que pueden encontrar en mi cuenta en Instagram y mi blog, el de esta cuarentena fue una serie de poemas, fotografías y collages sobre mi cuerpo y la evolución de mi alma con él. 


Primero fueron las fotos: me entregué a la luz que entrabaj por la ventana y a la espontaneidad de mi silueta frente a la cámara. Hice 5 autoretratos que en su momento, noviembre de 2019, llamé Papel en blanco. 

Para ese momento estaba aterrada con lo que vivía, asistía al encuentro de frente con una realidad que no quería ver a los ojos, con una herida abierta que no quería reconocer, ni habitar, mucho menos sanar. Todo me parecía un sinsentido, pero ahí estaba alimentando mi cuerpo, dándole descanso, encontrándolo bello a pesar de lo demás. 

No podía dejar pasar la oportunidad de celebrarlo. 


A este cuerpo lo amo.
A simple vista es un cuerpo femenino, desnudo.
También es un jaula social, una cárcel, una trampa.
Este cuerpo no es mentira, pero me ha costado mucho reconocerlo en su infinita verdad y sabiduría.
Me sigue costando, cada día.
No soy sólo esa carne color canela que amo, pero qué tal no tener esas tetas, el abdomen, la espalda, las piernas, la nariz o las orejas, las palmas de las manos y el culo que cuelgan en él para poder sentir todo lo que la vida transmite.
¡Qué tal que me faltara corazón y cabeza para intentar conocer el mundo! ¡Qué tal que a ese cuerpo no lo habitara un alma!
Un alma que transita, se detiene y de desarrolla un poco; una que intenta salir de la jaula, que va aprendiendo a desafiar la maldita norma impuesta. Un alma vulnerable que no tiene miedo a ser descubierta, un alma que a veces se desconecta de ese cuerpo e intenta abrazarlo y disfrutarlo a como de lugar. Cuidarlo.
Reconocerlo hermoso e imperfecto. Funcional.
Ser hermosa e imperfecta. Buena.
Amar y tener todo esto.

Texto de la publicación de Instagram. Stefaniarg_

II

Después llegaron los collages, una técnica que para mi denota la humildad perfecta de la humanidad: todos los pedazos que vinen de todas partes dando vida a algo nuevo. 

Tome esas fotos y las acompañé de los retrazos de otras historias, le puse pedazos de otras vidas y letras de otras anécdotas. 

Creo que ese ejercicio de deconstruir el cuerpo que al inicio estuvo tan herido, me permitió darle otro sentido y sentirlo más propio. Cuando vi esas fotos que tomé en medio de la soledad de un proceso intimo que no podría compartir con nadie más, junto a los pedazos de papel de revistas y otras anécdotas que son ajenas a las mías, me di cuenta de la potencia de esta carne, de la fragilidad de los simbolos y  de toda la belleza que hay en la oportunidad de vernos como piezas importantes en el diagrama de la vida. 

Foto del proceso.  Las imágenes finales serán publicadas en un librito, por eso no las comparto en este post.

III

Esas imágenes creadas a partir de la luz de mi cuerpo y los colores de las experiencias que carga mi carne, me dieron un tremendo sacudón creativo y abrieron la posibilidad de compartir historias profundas. 

Así llegué a la poesí. Por primera vez tuve la impresion de encontrar en una narrativa espeficica la forma de contar el proceso que he venido realizando en la intimidad de mi vida en Kampala. 

Me dijo una poeta que el poema está para revelarnos con humildad, así que eso hice. Me arriesgué a ser muy mala en mi primer intento y entonces me conmoví hasta el alma con la forma en la que logré plasmar esta historia que soy capaz de cotar con más calma cada día. 

Estos son tres de los poemas que escribí, con algunas de las fotos de la serie Papel en Blanco. 

Los poemas y collages completos, al igual que otros textos reflexivos en los que ahora trabajo, estarán muy, muy pronto en un librito digital que compartiré en este blog.  

Este ha sido el proceso creativo que acompañó mi terapia intensa, mi búsqueda intima por claridad y la muestra de amor más sincero que he tenido con migo misma: decidir ser valiente. 

La creatividad siempre estuvo ahí, y yo ahí para ella.