El día que abandoné La Habana

No me gustó La Habana. La encontré como una pose, cochina, maloliente, vieja, hostil, mendiga.

La recorrí de noche y luego le di una oportunidad de día, le tomé fotos, la abracé con todas sus miserias y también con toda la riqueza que alberga, la que no logró contagiarme con su historia.  Huí a pesar de la belleza de los ocho kilómetros de malecón que anduve mágicamente en mis primeras horas allí.

Me fui con resignación luego de ser robada por una mujer que me suplicó comprar leche para sus hijos. No pude decir “no” como las incontables veces que antes sí lo había logrado. Me tomó por la mano cerca a la Bodeguita del medio, de la que también había huido antes, me dio su discurso de -mujer -latina-sola-con hijos- en un “país miserable”, así lo dijo – sin estudio – y con hambre- no pude decirle que no, pero no quería darle dinero. Le propuse buscarla después y darle la leche, yo antes necesitaba comer.

Malecón habanero, lo más hermoso de esta ciudad: 8 kilómetros para recorrer en paz mientras se admira su grandeza

Me llevó a un restaurante local, se sentó a mi lado y me esperó, le dije que a cambio de la leche, la podía invitar a comer conmigo, se negó. No disfruté el almuerzo, quería que se fuera, se lo dije, me asfixió, me sentí acorralada, salí rápido a comprarle la leche para sus hijos. Fuimos donde ella quiso, ¿qué iba a saber yo de leche par niños en La Habana? Accedí porque no quería estar con ella, no quería un escalado o que llamara a alguien más para luego hacerme daño (hasta eso llegué a pensar, era mi primer viaje sola fuera del país y los 22 años que tenía no me permitían ser menos paranoica). Entramos al local, pidió su leche, yo le dije que una, ella la tomó, yo fui a buscar algo más para mí, cuando volteé ya no estaba, me había dejado con una deuda de 20USD que me negaba a pagar, el tendero me iba a hacer un escándalo a mí, -una mujer -latina- viajando sola- en una Habana miserable- enojada y sin dinero para perder con ladrones-

La Habana cinematográfica que a tantos les gusta

Me sentí inútil, pagué el dinero angustiada -desesperada – decepcionada – triste – con rabia- en una Habana miserable- porque tocar fondo en esa ciudad que no terminaba de gustarme, me rompió todo el encanto. Luego me daría cuenta que el tendero era cómplice, que es toda una cadena de robo organizado, que fui una tonta más, que me vieron la cara de turista; que lo permití.

“Tan universal el engaño” pensé. Y abandoné esa ciudad posuda en la que muchas casas no le hacen honor a su historia y posan feas, dañadas, malolientes y oscuras, dejando atrás toda belleza. Abandoné la ciudad de cubanos mentirosos y traidores que alimentan la mendicidad que venden noticieros y revistas, abandoné La Habana turística imposible de pagar, la que honra nombres de artistas para sacar provecho de ahí, abandoné la ciudad de postal en la que los locales ven a los viajeros como seres todopoderosos cuando somos par.

Abandoné La Habana y menos mal lo hice, porque luego llegaría a Cienfuegos, mi lugar favorito en ese país, luego iría a Trinidad parar convencerme de lo bella que es Cuba y remataría en Viñales, dónde conocí a mi mamá cubana, Aurora.

Abandoné La Habana para poder tener un viaje lleno de sol y ritmo, sincero; de conversaciones acompañadas con tabaco, de caminatas interminables y de grandes amigos que aún hoy conservo. La abandoné para jamás terminar de entender por qué siendo todos de la misma Cuba, del mismo régimen, de la misma historia, sólo en La Habana me sentí tan usada.

Calles en La Habana

Abandoné La Habana para disfrutar en otras ciudades de la diferencia, sin intentar cambiarla, pero sin dejar de sentirla, de analizarla.

Me gustó abandonarla porque entendí que no hay un único modelo de viaje “aceptable”, que el manual del check list no te garantiza disfrute, que puedes ir a un lugar soñado y que quieras salir de ahí harto, que explorar la diversidad del mundo no obliga a estar siempre a gusto con ella, que siempre tienes la opción de ver el movimiento como un hogar y moverte de donde no tengas paz.

La abandoné, pero espero darle otra oportunidad, será en otros tiempos. Porque finalmente, todo tiende a celebrar con gracia la oportunidad de cambiar.

*Post #1 De la serie: Después del viaje, pensamientos después de la vida ahí.