El otro, mi mejor amigo. Cita 1

Tuve una cita con mi mejor amigo, fue algo que no planeamos pero pasó y me encantó.

No éramos consciente del momento que estábamos viviendo y como en cualquier amistad, cuando ya se han normalizado tantas cosas, se tiene una confianza absoluta y se intimida fácilmente, empezamos a hablar del tema… común y corriente: mi menstruación.

Escribo esto porque al mirarlo con la perspectiva que da el tiempo, creo que ha sido uno de los momentos más bellos que hemos tenido juntos, una hermosa experiencia que atesoro en nuestra bóveda de recuerdos cercanos.

No me sentía bien, no podía ignorar el malestar, era evidente y él lo notó, entonces me cuestionó y yo lo hice también. Él me dijo que no pasaba nada, que estaba bien sentir el dolor, admitirlo hacía afuera y compartirlo.

Pensé que está bien cuando se comparte la cotidianidad, incluso cuando se da por sentado que las acciones diarias están tan normalizadas por uno y los demás, que a la final se están es ignorando. Porque cuando uno es consciente, incluso de lo que sabe que está mal, entonces ya no puede ignorarlo. Y ese es un gran paso.

Menstruar es normal para mí, es parte de mi feminidad, una muestra de mi salud y del hermoso privilegio que tengo como mujer de crear vida humana.

Desde hace años atesoro esos días y les presto atención, recordé cuando deje de tomar y aplicarme anticonceptivos para procurar tener un ciclo orgánico, aunque eso desapareciera la regularidad; también cuando no menstrué por tres meses o cuando manché mi falda preferida porque no llevaba toalla desechable. Cuando un tampón mal puesto me hizo daño y nunca más volví a usarlos, y por supuesto cuando fui consciente de la basura que generaban mis residuos desechables cada mes y entonces opté por la copa de silicona que desde hace cuatro años acompaña mis días de sangrado.

El recuerdo de la sensación de dolor en mi vientre, también hizo parte del conjunto de recuerdos, pero eso ya es normal para mí: dolores van y vienen por esos días del mes. Se aprende a convivir con eso, a manejarlo. Y ya.

Bueno, le conté todo eso que recordé y pensé, y por un momento él se dispuso a estar en mi lugar.

Dijo que admiraba la fortaleza física que manejaba en esos días, porque incluso con las punzadas en el vientre, el peso extra de las tetas y la sensibilidad en las piernas, iba a trabajar, cocinaba y hacía lo que debía. Le parecía impresionante que, aunque a veces quedarme en cama para pasar el dolor sonará tan atractivo, esa no era mi elección.

También atinó en reconocer la importancia de menstruar como alerta saludable, como una bendición en mi posición de mujer y como el cumplimiento de un ciclo orgánico que me conecta mucho más con la naturaleza y la dividida del universo.

Mi amigo, tan hombre y tan ignorante, por naturaleza y elección, de lo que significa menstruar, se empezó a interesar por el proceso práctico.

Y entonces le conté…

Sé, mas o menos, cuándo va a llegar cada mes. Pero casi nunca me preparo, tampoco me preocupa, confío en que es un ciclo natural y en que aparecerá. Si no, sí me preocupo un poco, pero tampoco hago algo, espero y pongo atención. Si he sido irresponsable y he tenido sexo sin protección me armo películas aterradoras en la cabeza y empiezo a pensar qué hacer en caso de tener que recurrir a un aborto. No pienso en ser mamá por ahora, entonces me angustio, aunque confío en que llegará y entonces llega y sonrío pícaramente porque puedo dejar pasar la culpa y prometerme no volverlo a hacer.

Cuando llega, normalmente, me empieza el dolor en el vientre, un cólico que a veces me hace querer tomar pastillas para calmarlo, me invita a descansar y me lleva a tomar baños largos de agua caliente y a beber más té del normal.

En esos días no quiero tener sexo, hacer ejercicio o trabajar duro, me dan muchas ganas de tomar sopa caliente y me encanta la idea de quedarme en casa y recogerme, aunque muchas veces decido salir, como contigo.

Mi amigo quiere que siga, que entre en detalles.

Le digo que es normal, claro, para mí, pero él jamás lo ha vivido y me dice que en su familia no se habló del tema más de lo necesario, que lo que sabe es por comentarios de otras amigas y de sus primas, por los pocos cursos que se hacían en la escuela y por la publicidad de toallas higiénicas que vio durante toda la adolescencia. Enfatiza que con sus parejas tampoco lo ha hablado mucho, que llegó a tener sexo el primer día de menstruación de su amante y como era poco, no fue sino una sensación de rareza y asco que se manejo sin problema.

Sigo.

Le digo que siempre descubro mis calzones manchados y entonces corro a buscar la copa de silicona, a hervir agua para lavarla y ponerla. Le muestro – me pongo en cuclillas- para que vea cómo me la meto dentro de mi vagina, cómo doblo la silicona para que pueda entrar y como me muevo para acomodármela y que se ubique ahí donde no la siento. Le cuento que el primer día fue muy raro, que la sentí, que era consciente de ella, que si me movía me dolía porque no se había acomodado bien y que luego…. Llegué a pasar más de 24 horas con ella porque la olvidé. Que no interfiere con mi orina, que no la siento cuando me muevo y que para cambiarla casi siempre espero ir al baño de mi casa y si no tengo esa oportunidad, me toca buscar una botella con agua, que sólo una vez me tocó limpiarla un poco con papel higiénico. Y que no me gustó eso.

También le conté que a veces se me olvida lavarla bien con agua hervida al final del ciclo. Es que lo normalizo tanto que termino haciéndolo mal.

Y hago mucho énfasis en el lavado, digo en la limpieza, porque creo que cuestiona mucho llevar dentro de tu cuerpo, en la parte más intima, un objeto ajeno a su naturalidad, aunque esté muy bien diseñado.

Le cuento que es abundante y muy roja oscura, a veces casi café. Que no he identificado olor y que sólo una vez, cuando el día anterior había tenido sexo y además había olvidado lavarla bien, sentí un olor inmundo cuando la fui a vaciar. Me tocó lavarla inmediatamente con agua muy caliente y bicarbonato. Llegué a pensar que un demonio estaba ahí adentro. Fue horrible.

Le trato de explicar que no es sólo sangre, que es un fluido espeso, que hay tejido ahí.

Él estaba fascinado con lo especifica que era y cómo le demostraba lo incomodo que puede ser convivir con este ciclo menstrual por tres, cuatro o, a veces, cinco días al mes. Y eso que no entramos en los detalles anímicos de la situación. No lo hice porque no estoy muy segura de cómo me afectan, no le logrado hacer una observación juiciosa sobre mi propia experiencia y porque con tantas anécdotas que se leen y escuchan de otras mujeres, el rompecabezas no es fácil de llevar.

Nos quedamos en lo practico, pero la conversación desató muchas preguntas en mi cabeza, muchas reflexiones y comentarios que no me había hecho o identificado antes. Abracé ese tiempo con mi mejor amigo hombre y propuse volver a tener ese espacio en cualquier otro momento, para continuar con ese tema o con otro.

Hablando ponemos en común y cuando eso pasa, es más fácil comprendernos, acercarnos y alejar las dudas, el miedo o las ideas tormentosas.

Ese mejor amigo del que hablo es mi parte masculina, ese hombre que también soy y la figura de macho que, construida bajo los esquemas de una sociedad que se apresuró a encasillar hombres y mujeres en grupos tan opuestos, distantes e inseguros,  nos ha hecho alejarnos del centro ubicándonos en extremos que sí bien llegan a tener sentido, nos despojan de toda oportunidad de integración y hace que sea difícil relacionarnos a partir de lo natural y orgánico como la fluidez, los ciclos y el olor o el color de nuestro cuerpo.

Yo por muchos años vi mi vagina como un órgano netamente sexual, ignorando que óvulos, matriz y útero son también parte del sistema reproductor, dador de vida y conexión plena con mi parte femenina y mi cuerpo de mujer.

Que la conversación con nuestras partes nunca acabe y en cambio, nos permita habitar mucho más nuestra naturaleza, en mi caso, mi feminidad, desde el reconocimiento que hago de ella y, sobre todo, desde la otra cara de la moneda, siempre ahí, siempre tan necesaria.

La foto es de Rayenvrr publicada en su Instagram