No encartar a nadie con sentimientos

 

“Una tarde que ya nunca olvidarás
llega a tu casa y se sienta a la mesa.
Poco a poco tendrá un lugar en cada habitación,
en las paredes y los muebles estarán sus huellas,
destenderá tu cama y ahuecará la almohada.
Los libros de la biblioteca, precioso tejido de años,
se acomodarán a su gusto y semejanza,
cambiarán de lugar las fotos.
Otros ojos mirarán tus costumbres,
tu ir y venir entre paredes y abrazos
y serán distintos los ruidos cotidianos y los olores.
Cualquier tarde que ya nunca olvidarás
el que desbarató tu casa y habitó tus cosas
saldrá por la puerta sin decir adiós.
Deberás comenzar a hacer de nuevo la casa,
reacomodar los muebles, limpiar las paredes,
cambiar las cerraduras, romper los retratos,
barrerlo todo y seguir viviendo.”
Oda al amor. Maria Mercedes Carranza.

¿Cómo no sentarse a contemplar el año que pasó? ¿Cómo no sentarse a pensar en las acciones, en los hechos, en las promesas, personas, formas y pasos de un 2014 lleno de tanto? Lleno de tantas necesidades. Lleno de tanta necesidad de amor, por ejemplo.

Hace muchos días, encontré en redes, compartido por alguien a quien sigo mucho, un video de la Coorporación Estaislao Zuleta , una conferencia del ciclo  “De amores, sexualidades y géneros”. Laberintos del amor en nuestra época de Carlos Mario González.

No conocía el ciclo de conferencias, no conocía al profesor  y no era consciente de muchas cosas que dijo. De muchas, la mayoría, de cosas que escuché y disfruté tanto mientras lo veía.

Por eso inicié esta declaración con el poema de María Mercedes Carranza, porque así empieza la conferencia. Y porque le creo totalmente a esas letras. Y porque a pesar de todo, hay que seguir viviendo.

Reconozco totalmente la falta que me hace. La falta que me hace ser, sí. La necesidad del otro. La certeza de no poder sin el otro.

Declaro totalmente que el peso de mi vida es grande, que no puedo con ella y que considero totalmente necesario tener a alguien al lado para avanzar.

Pase el 2014 pensando en él. En él que por alguna razón, por alguna razón insignificante, me gustaba. En él puse mi falta, supuse solucionar mi vacío. Imaginé mi yo en él. Y claro, no. No, por supuesto.

Y no porque no funcionara. No porque se desbordaran los límites del deseo y asfixiara con mi presencia. No porque imaginaba más cosas otro mundo que de este. No porque me hiciera daño, no porque él no estaba, no.

No, porque sobretodo, yo no estaba.

No estaba en mí, y en esa medida, no estaba en él. No estaba en mí, porque no entendía que lo que estaba supliendo, era el sentimiento de entretenimiento y no de amor verdadero. Ahora lo entiendo.

El punto de partida era la necesidad, sí. Pero mi mundo no era inédito con él. No suplía la necesidad de  ser, sino de tener. Y nadie debe ser para el otro un “tener”, un objeto, algo que se posee. En el amor no se tiene, no se posee, no se contiene. En el amor se vive y ya, se goza del ser y se siente. Pero nunca se tiene.

Por eso cuando lo perdí, no sentí vacío. Y entendí eso que escribí antes.

Esa trampa de establecer conexiones simbólicas, de cualquier tipo, con el otro, pensando que así se le da validez a las relaciones y con eso vida, nos desgasta.

Un círculo de deseo-construcción-acción-tener-ser-dejar, que se desinfla y aunque se constituye en una historia, no transforma la existencia ni la somete al cambio. Y sin movimiento, no hay vida, nada nuevo.

Por eso después de escuchar a Carlos Mario, lloré con ternura. Me dio hasta sentimiento de “pesar” de mí misma. Tanto tiempo creyendo que había amado. Tantos “Te amo” dichos al aire. Todos muy bonitos, sí, pero no tan fuertes. No tan potentes. No tan reales. No tan verdaderos para ayudarme a entender lo que soy y soportarlo.

Solo un hombre hubo, que en realidad volvió acto lo que era potencia en mí… y ni siquiera eso fue amor.

La  certeza de necesitar de otro para hacernos, para hacerme, sigue ahí. No puedo pensar en ser sin el otro. Pero luego del video, de la relación con mi experiencia y del tiempo, lo que construí, sobre todo, fue otra certeza: lo más importante, es no encartar a nadie con mis sentimientos. Tenerlos en mí, aprender a vivir con ellos, entender que no se puede exigir a los demás que acompañen mi existencia.

No se va a lograr una estabilidad en el amor con otro, cuando el fracaso interno es la bandera. Cuando la necesidad se suple con cualquier cosa y así basta. Cuando no hay determinación para construir algo con sentido. Cuando solo hay entretenimiento. Que no califico dentro de lo malo o moralmente incorrecto, porque esa también puede ser una necesidad. Hablo de que en mi caso, no era eso lo que buscaba en el momento del ¡alto!, en el momento en el que paré a pensar.

Podría seguir haciendo relaciones entre lo que dice Carlos Mario y mi experiencia. Podría caer al punto de contar cada detalle, cada hilo común en mis historias, cada sensación…  no cabría.

Me quedo con la anécdota, con revelación de esta verdad que hoy me llena de miradas diferentes frente al deseo y necesidad de estar con otro.

Me quedo con esta hermosa conferencia, para volverla a escuchar. Para volverla a escuchar y seguir viviendo.

Porque claro, llega  un nuevo año y con el los aprendizajes de los tantos años que ya han pasado y nos enseñan tantas cosas, para seguir viviendo.

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