Este, mi sexo herido

#EstamosListas, estamos en todas partes y no tenemos miedo. No más.
Por años se lleva en silencio la experiencia de un abuso. Se convive con la idea de haber sido violentada como si no fuera algo que mereciera atención vital. Nos hacemos las que lo olvidamos, hacemos que no nos importa. Encubrimos al agresor, lo normalizamos.

Estamos tan listas para gritarle al agresor, al Estado y a nuestro contexto que no queremos más silencio, más violencia y más dolor, que nos estamos parando con valor frente al monstruo.
Voy a dejar de hablar en general y les voy a contar una historia en primera persona.

Tenía 10 años y los abusos empezaron. No eran abusos violentos (no se uso fuerza física) todo fue psicológico.
Eroticé algunos de los tocamientos, sentí placer. No entendía, sabía que estaba fuera de los comportamientos que un adulto tiene con una niña de esas edad. Pero no entendía. En ocasiones yo deseaba ese placer.

Nunca me golpearon durante los más de 6 años que duró el abuso. El “no le digas a nadie, es nuestro secreto” se instaló e hizo de las suyas. Nunca dije una palabra, fue nuestro secreto hasta mis 16 cuando paró la situación y luego 9 años después cuando destapé una bomba interna. 

A los 24 fui capaz de decir con claridad, sin rodeos y lágrimas en mis ojos que había sido abusada sexualmente. Qué había sido abusada por dos hombres y que me sentía miserable por haber instalado en mi cabeza la idea de que ser mujer consistía en dar placer sexual y ya.

Encontraba en el sexo la respuesta a todo. Sexo por placer, sexo por “amor”, sexo para celebrar, sexo porque estaba aburrida, sexo porque sí y sexo porque no. Sexo por todo y sexo por nada.
Y esa idea me dio mucho placer, claro. Y también me llevó a conocer muy bien mi cuerpo y el de los hombres con los que tenía relaciones sexuales. Pero todo estaba muy mal. 

Si era una mujer tenía que ser buena en la cama, tenía que impactar al amante y por supuesto jamás reclamarle si no era capaz de complacerme… porque mi satisfacción qué. 

El éxito de mi vida, durante un tiempo, lo marco esa tendencia.


No podía ver lo brillante que era en mi carrera, lo buena profesional que era ni todo el potencial que tenía. Me reía un poco de los exitos que los demás veían en mí y que yo no era capaz de dimensionar. Eso, ni hablar de lo que pensaba de mi misma como persona o como mujer. Era aterrador. 

Y entonces un hombre me quiso, me amo y se preocupó por mi sexualidad, preguntó qué quería, cómo, cuándo y por qué. Admiró mi cuerpo con humildad y mi alma con todo su amor. Me observó con paciencia, me tuvo, abrazó toda esa historia que desconocía y me enamoró.
Y luego ya no estuvimos más, pero me dejo el alma lista para decir que era más de ese sexo y amor sincero lo que quería.

Y la bomba estalló en mí, y mi incapacidad de amar y verme como amante y no sólo objeto se disparó y no sabía cómo manejarme y no sabía qué hacer. Y me sentí confundida y un poco muerta en vida. Y me sentí sin valor absoluto y no sabía quién era. Y empezó un viaje que continúa y que me ha hecho volver a nacer.

Se cree que los abusos, sólo generan reales traumas cuando son violentos fisicamente.  Se considera que la única reacción que puede tener la victima es la de adquirir repudio o asco por el sexo o temor a estar con hombres.  Pero hay tantas repercusiones como formas de violencia sexual, abusadores y trampas culturales.

Y ese juego macabro de encubrir, hacer como si nada pasó y luego, años más tarde, encontrar las razones de patrones y comportamientos negativos en nuestra vida, no puede ser la regla. No puede ser que nuestra salud mental valga tan poco para la cultura, no puede ser que tengamos que tocar tanto fondo para despertar.

No quiero que más niñas vivan ese silencioso abuso, vivo aterrada del miedo desconfiando de todo adulto hombre al lado de una pequeña. Me ha costado mucho cambiar mi imagen del sexo, del amor y de la forma de relacionarme con los hombres y también con las mujeres.  Ha sido muy difícil encontrar el norte de mi vida.

Ha sido difícil dejar de culparme.

Ha sido difícil aceptar que, efectivamente, los abusos sí generaron traumas permanentes en mi psique.

Ha sido difícil aceptar que los abusadores eran parte de mi vida.

Ha sido difícil aceptar que no soy sólo un objeto sexual.

Ha sido difícil tener sexo vinculado a la emoción del amor.

Ha sido difícil aprender a relacionarme con los hombres a través de algo más que el sexo.

Ha sido difícil aceptar que me gusta el sexo.

Ha sido difícil aceptar que puedo amar y compartir mi vida de otra manera.

Ha sido difícil perdonarme y tener compasión conmigo misma por creer que hice mal o que fue mi culpa o por creer que soy un monstruo al haber sido abusada y en vez de manifestar rechazo al acto sexual, en cambio lo desee. También por hacer daño a tantas mujeres a mi alrededor con mis conductas irrespetuosas hacía ellas, considerándolas también sólo como un objeto sexual.

Ha sido difícil. Mucho.

Lo es.

Todo, porque dos hombres, durante mi infancia, se creyeron con el derecho de saciar sus deseos con ese cuerpo y esa alma indefensa que yo era. No se alcanzan a imaginar el daño que un abuso hace en la salud mental de una mujer y todo lo que le toma manejarlo. Las mujeres damos vida y sostenemos el mundo. Si nosotras estamos mal, todo lo demás también.

Enseñemos a nuestras niñas a hablar, a expresarse. Prestemos atención. No tengamos miedo.
Y nosotras, las ya heridas, las grandes y las privilegiadas que sobrevivimos, nos vamos sanando y podemos luchar, no paremos jamas. #EstamosListas, estamos en todas partes y no tenemos miedo. No más.