Historias sencillas: un aporte a la memoria

Hubo un año en mi vida, el 2013, que determinó lo que sería en adelante el aprendizaje más trascendental de mi vida hasta hora: la sencillez de la vida, el buen vivir.

Luego aparecieron otras manifestaciones importantes y con ellos de nuevo la certeza: la sencillez de la vida, el buen vivir.

Una de esas manifestaciones de las que hablo, fue el divino encuentro con el periodismo literario. Con eso y maestros como Alberto Salcedos Ramos, Juan José Hoyos, Carlos Mario Correa, y tantos otros que han pasado en estos tres años, volvió a aparecer la certeza. No me abandona, se potencia y consigna en mí como máxima de vida y como amuleto  vital para el contexto que me regala el país en el nací y en el que decidí vivir, para el contexto que me regala la línea que decidí seguir al formarme como comunicadora.

Me refiero a que gracias a esa certeza de la sencillez de la vida y el buen vivir, opte por ser muy cuidadosa con la información que consumo, con las acciones que desarrollo en mi vida y también, con la información que ofrezco a los demás.

Yo escribo, y quiero a escribir mejor cada día, porque soy una convencida que el mundo necesita conocer las historias de los demás para poder acercarnos más al otro. Hay que conocer las historias del otro, del común, del par. De cualquiera.

Escribir ha sido siempre un proceso de introspección y nostalgia. Sí, porque mientras más tiempo pasa, mientras más antiguos se convierten los primeros textos que están en este blog y los que tengo guardados en mi biblioteca personal, más añoro esos días en los que no era consciente de que la escritura es un proceso que te marca para siempre, que te cambia también, para siempre.

Ya no tengo pretensión entre buscar entender qué es lo que hago con este blog. Y creo que soy muy afortunada de tener de tener esa certeza.

 

A veces, tanta definición y redefinición de lo que uno es o hace, aparta el interés por precisamente eso y hace pensar que es complicado, cuando sacar las letras de la cabeza, aunque en ocasiones dependa de más acciones de las que uno cree, no tiene por qué ser complicado.

Por eso ese encuentro íntimo con el periodismo narrativo ha sido tan importante, porque me acercó a algo que me gusta hacer, hablar con otros y compartir la vida de ellos.

Considero que como comunicadora hay que ubicar por encima de la necesidad comercial y el desproporcionado placer de riqueza, la belleza de lo cotidiano, a veces cruel, fría y tirana. Otras conmovedora, nostálgica, abrumadora y fascinante.  – Tantos adjetivos como que se quieran usar-

Yo creo que uno no puede estar cayendo en la fascinación de las cosas malas y en el morbo por la catástrofe, ya el mundo tiene bastante de eso. Bueno, tampoco hay que pasarse de optimista, eso sería ser muy ingenuo.

Digo que hay una responsabilidad enorme por aportar a la memoria de nuestra sociedad.  Más escenas de felicidad, más historias sencillas y sobretodo, más ejemplos de respeto y admiración por el otro.

Los daños que nos estamos haciendo – que le hacemos al mundo – cuando sólo  nos remitimos a contar las historias de guerra, arrepentimiento, traición y violencia son incomparables.

Estás temáticas son muy necesarias, sí. Pero estamos dejando al mundo sin historias alegres, simples. Vitales.

Estamos dejando al mundo sin historias memorables. Se nos va a olvidar – a nosotros y quizá a los que vienen- la risa, el llanto que produce la amistad y lo estremecedor del amor. ¿Qué vamos a recordar mañana?.

El problema reside en el muy mal diagnóstico que están haciendo los medios sobre los temas que las audiencias esperamos ver. Y lo que los comunes y corrientes estamos haciendo con lo que vemos.

Lo digo por lo menos por mí y por tantos que conozco que han llegado hasta el punto de silenciar las noticias que emiten los medios tradicionales. Yo no logro dejar de verlos, porque los siento necesario, pero no son mi principal fuente de información. Ya lo dijo Leila Guerriero: “Uno lleva a su propia escritura, sus vicios y hábitos de lectura”.

Ejercicios en medios que se centran en narrar la vida independientemente de la guerra, videos y notas de colectivos que reafirman la condición humana de la alegría y el bienestar, viajeros que en sus relatos cuentan las gracias de la hospitalidad, exposiciones de creaciones que valoran los ejercicios creativos que surgen de la cotidianidad… – tantísimas cosas que afortunadamente hay-.

Por eso en la sección de este blog: La vida de los otros, reina la vida del otro, la historia sencilla, la descripción y cotidianidad. A partes de esa vida de los otros que ayuda a darle sentido a la vida, a nuestra vida. Y aportar a que mañana, haya otro tipo de memoria. A que mañana otros vean que el mundo tuvo hitos conflictivos determinantes, pero que siempre había algunos, muchos, demasiado, aportando a que el mundo fuera un lugar bueno para estar, para aplicar eso de la sencillez de la vida, el buen vivir.

 

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