Incertidumbre, prisa y control

La obsesión por la rapidez me representa.
Soy alborotada, acelerada. Me gusta sentir adrenalina.
Cuando montando caballo, me gusta que corra.
Cuando andando en moto, me gusta que la velocidad no sea lenta.
Cuando hablando con alguien, concluyo qué quiere decir cuando le da vueltas al asunto.
Cuando trabajando en equipo, me estresa la sobrevaloración de los riesgos.
Cuando comiendo afuera, me descoloca la demora de los meseros.
Cuando trabajando en casa, me da rabia que el internet no funcione bien.
Cuando leyendo, no me gustan los libros largos.
Cuando viendo películas me distraen las de más de dos horas.
Cuando viendo series, no me gustan las de muchos capítulos.
Cuando en una cita con alguien, pierdo interés cuando no es puntual.
Cuando amado, un día me encontré cansada a los 20 minutos.
Cuando haciendo yoga, un día dejé la clase a media shriya.
Cuando estudiando, un día no quise hacer más ejercicios.
Cuando en la montaña, lloré de rabia por no llegar a la cima después de sólo cuatro horas de camino.
Cuando en un trabajo por mucho tiempo, quiero cambiarlo inmediatamente y buscar uno nuevo.
Acelerada.
Lamentable.
Distraída.
Y frustrada, por supuesto.

No me canso, no me enfermo, siempre tengo tiempo. Me llamo ‘máquina’, me llaman ‘máquina’
¡Pero no soy una máquina! soy una persona y esa naturaleza complejísima es una aventura de la que no quiero escapar.

La rapidez no es.
Pero la lentitud tampoco.
Quiero pensar que es el ritmo.
Creo que es más bien una idea errónea del control.
Sí, es el ritmo, sin duda.

Creo que por eso en el último año he encontrado dos acciones que me hacen bien: pole dance y yoga.

Tengo que llegar al pole o al mat con paciencia, con presencia real, con voluntad de hacerlo. De hacerlo sin apellido. ’No ‘rápido’, no ‘lento’, no ‘perfecto’, no ‘comparable’.
Sólo hacerlo, con la naturaleza del flow de ambos: con el ritmo y el ‘omentum’ del baile en el pole y los movimientos de mi cuerpo siguiendo la respiración cuando sol saludation o respiración consciente.

Medir el tiempo genera prisa. La prisa es una trampa y las trampas no me permiten vivir bien.
Y es que la prisa, me viene a mí con la idea de control… y ¿qué menos incontrolable que la misma vida?
Hacerlo todo rápido para lidiar con mi idea de control, se desvanece cada día… trabajar con niños me ha exigido ser más espontánea, no sólo con ellos, pero conmigo

Permitirme usar mi cuerpo para bailar en el pole y en el mat, me exige familiarizarme con la incertidumbre y con la aceptación de la impertinencia como única realidad en la vida.

Y me cuesta cada día, y me cuestionada cada día, y me aterra cada día, y me incomoda cada día.
Sigo siendo muy joven, las batallas aún están siendo dadas, 28 años son un suspiro y sin embargo, me agobia la prisa corriendo por mis venas, me aterra la agilidad mental que tengo para hacer conexiones y crear.
Sigo aplicando el pensamiento lento, pero me distraigo cada tanto, porque pensar lento, con calma, sin prisa, me permite tener más ideas sanas, ser más coherente con lo que quiero y siento, y digo y hago, pero al no poderlas controlar, el caos me invade toda y me genera una angustia aterradora.

Están siendo días de procesar muchos estímulos, de darle espacio a la incertidumbre – mejor llamado: el misterio de la vida- de permitirme fluir con lo que llega, la gracia del amanecer, las clases y las ocurrencias de los estudiantes, mis expectativas de la sociedad, mis expectativas sobre mi misma, mis ideas sobre el vínculo entre la educación, comunicación y arte, mis deseos de explorar mejor el cuerpo, la gracia del baile y la del yoga, la rabia que produce la guerra, la impotencia de la pobreza, la confusión de mi mente distraída, la paradoja de existir. La búsqueda del amor y de la belleza que a veces lleva por caminos oscuros y de sombras.

Son días del encuentro conmigo misma. Días de soledad genuina, de soledad obligada. Días de reacción y también de reflexión.

No quiero que la prisa me gobierne, no quiero que la incertidumbre me agobie, no quiero que el deseo de control me controle.