La vida en Uganda, un viaje al centro

Me he encontrado con amigos que han querido conocer, realmente, mi historia reciente, la que me trajo hasta Uganda y la que me ha llevado a cambiar tantas cosas en mi vida.
Ultimamente también algunos conocidos, por distintos medios, han preguntado lo mismo. Y me asombra un poco esa curiosidad por lo que vivo, y la comparto también, porque soy una curiosas de las historias de las personas y disfruto de acercarme a experiencias sencillas y cotidianas que a veces asombran por su naturaleza, y que es por eso mismo que llegan a mostrarnos lo extraordinaria que es la cotidianidad.

Hace un par de meses en Twitter pasó esto:
Comenté un tweet de una mujer que sigo por su autenticidad y por la nobleza de sus respuestas.

Ella respondió a mi comentario y me empezó a seguir, también me preguntó por mensaje interno, asombrada, qué hacía una colombiana en Uganda. Y entonces atiné a decirle que me diera su número de teléfono para dejarle por WhatsApp mi historia ya que ahora me resulta más fácil hablar que escribir.

Le deje varios audios divididos en diferentes etapas. Y luego recibí su respuesta conmovida y llena de humanidad. Fue lindo, entró a la lista de #MomentosQueSeCruzan

A los pocos días, volví a escucharlos todos, cada uno de los audios y me conmoví con el ejercicio y decidí que ya hecho, no me quedaba más que compartirlo para que otras personas también calmaran su curiosidad y porque confío, profundamente, en el poder de escucharnos, conocernos, conectarnos y crear a partir de todo lo que sucede cuando nos interesamos en el mundo y lo que pasa al rededor… porque es tan maravilloso, tan real, tan inspirador, tan cariñoso y tan potente. No sólo las malas noticias, ni las necesarias revoluciones del día a día deben ser atesoradas en nuestro corazón. A la final son muchas las buenas y cotidianas historias que nos pueden sacar una sonrisa, inspirar o transportar a un estado de contemplación.

A dos años de la aventura en este país, empieza un ejercicio de autoreportaje, porque más que compartir para el otro, encontré en este ejercicio una excelente forma de registrar mi tránsito por Uganda y todo lo que hasta ahora me ha mantenido aquí.

  • La decisión, la llegada: min 0 – min 6:30
  • Migrar no es fácil. Migrar es dificilísimo: min 6:31 – min 13
  • “Nada es como quieres que sea”, ego por el suelo y depresión autentica #1: min 13:01 – min 20:50
  • La aceptación, el vínculo. El español. Y Ser maestra, volver a ser niña. La escuela: min 20:51 – min 31:41
  • “Nada es como quieres que sea”, atravesar la oscuridad, depresión autentica #2 y La hoja en blanco, renacer convulso: min 31:05 – min 40:24
  • La buena vida: min 40:25 – fin

Como pudieron escuchar, este ha sido un viaje, más que nada hacia adentro, al centro, a mí misma.

Uganda fue el lugar en el mundo que me abrazó para hacer este proceso terapéutico, del que sin duda hablaré más adelante.
Pudo haber sido mi amado Rincón del mar – un corregimiento en la costa colombiana- una ciudad en USA en Inglaterra, Francia, China o la propia Medellín, pero no. No fue así.

Pasó aquí en Kampala, en esta ciudad de colinitas habitadas por negros propios y blancos prestados, pasó en esta ciudad pequeña, donde el polvo reina, el verde está en todas partes y el picó siempre está a todo volumen. Pasó en este pueblo de ancestros negros donde el sudor tiene olor penetrante, al plátano le dicen matoke y gracias se dice “kale” pasó en la tierra de elefantes, jirafas, gorilas y leones. A mí me encanta pensar que tuve que llegar al corazón de Africa para encontrarme con el mío.
Qué hermosa coincidencia, vida.

Gracias.