Las cosas que se dicen.  Y las que se hacen

Que las cosas no se dicen, sino que se hacen porque al hacerse se cuentan solas. Eso dijo Woody Allen y yo le creo. Aunque nos cueste,  aunque me cueste.

Y empiezo con esto, porque  esta semana, entre tanta cosa que trae el cierre de un semestre, he podido hacer una pequeña pausa para reflexionar y pensar qué voy a hacer con este  par de deberes que tengo. Uno, el deber de votar y otro, el deber de hacer la paz. Sí, hacerla. No firmarla, ni decirla, ni escribirla en papeles, ni documentos inleibles, ni siquiera verla por televisión, sino hacerla.

El deber del voto, lo digo, porque aunque las opciones se reduzcan, lastimosamente,  a votar “por el menos malo” es indispensable tener la capacidad y el criterio de decidir algo, creer en algo y tratar de hacerlo realidad, así, muchas veces, la fe se pierda y como pasó esta semana con el habitante de calle en Bogotá, nos quemen vivos, juntos  a nuestros seres queridos, por pensar diferente, por ser diferentes.

No es un derecho votar, para mí, es un deber.  Y lo es también hacer la paz. Nosotros, cada uno, él, ella, ellos , tú… y ellos también, así la conciban de otra forma y no estemos de acuerdo con ella.

Dijo Santos  esta noche  “Esto es lo más lejos que jamás se haya llegado en el camino para terminar nuestra guerra”.  ¿Lejos? ¿Terminar cuál guerra? ¿La de él, la mía, la nuestra, la de Colombia, la del mundo?

No, no presidente, no estamos cerca de lo más lejos  a lo que hemos llegado para acabar la guerra,  por  más papeles y promesas que sean firmados en Cuba, por personajes que todavía el País en  su mayoría, no conoce. Por leyes, normativas, conceptos y tratados que más de la mitad del país no entiende, por cuestiones de analfabetismo y procesos acelerados y mediocres de educación a los que nos hemos visto obligados a asistir históricamente. No.

Es una cadena, puede traer cosas muy buenas. Otras no tanto. ¿Qué queremos?

Es una cadena, puede traer cosas muy buenas. Otras no tanto. ¿Qué queremos?

Y no estamos cerca de lo más lejos a lo que hemos llegado de la guerra, sobre todo, por una razón, porque la paz está muy, muy cerquita de nosotros.  Un proceso de paz de verdad y contundente empieza por cada uno.

A ver, enumeremos pequeños procesos de paz,  saludemos, demos gracias, no cojamos las cosas ajenas, pidamos permiso, no adelantemos el semáforo, regalemos tiempo al que más necesita aprender algo nuevo o escuchar una historia, aceptemos que al  otro, al que le gusta el reguetón, al que le gusta el color naranja y no el morado, al que piensa distinto. ¡Jefe, maestro, papá! no nos insulte, haga con nosotros la tarea, entonces. No pretendamos que el otro trabaje gratis por nosotros.  ¡Señor conductor! no le meta más gente,  de la que en realidad le cabe, al bus…

¿Cuántas cosas no son en realidad verdaderos y contundentes procesos de paz? ¿cuántas cosas como las anteriores y las otras, muchísimas, que deje de escribir podrían ser las acciones que nos hagan vivir en un país mejor?

Claro, el sol no se tapa con un dedo y los procesos históricos de Colombia, menos. Necesitamos procesos liderados por las instituciones políticas para combatir las flagelos de nuestra sociedad y lograr cambios que representen el desarrollo y progreso de quienes vivimos aquí.

Pero sí podemos tapar un poquito esos huecos del corazón y del alma que nos envenenan y obstruyen, que nos impiden ser más amables, más generosos,  más comprensibles y más amigables con el otro. Menos egoístas e indiferentes.

Yo lo que pienso, es que no podemos esperar que Santos firme la paz, ni que, sea quién sea, el próximo presidente resuelva el tema tampoco, no está en manos de él.  Está en manos de cada uno, así parezca una utopía.

Porque la vida no es un utopía.

3 Comments:

  1. Pingback: Las cosas que se dicen. Y las que se hacen. | Noticias de mi Tierra

  2. Pingback: Stop, ¿saludaste al pasar? | Momentos que se cruzan

  3. Los seres humanos, incluso la especie animal, aprende por imitación la mayoría de las conductas que practica. Y peor aún, la impotencia que experimenta frente a algunas ellas, lo involucra en el desquite con el que creé inferior a él.

Deja aqui tu comentario