Leer-me- en voz alta. Versión dos

Justo estaba pensando que si alguien me pidiera hacer una biografía en este momento de mi vida, me sometería a un ejercicio meticuloso, profundo y angustiante. Leer (me) en voz alta.

Mirar adentro es prescindible pero cuesta, cuesta un montón. Lo hace porque verse, describirse y aceptarse, vivir con lo que se es, supone humildad divina, ver con amor en las grietas de las fracturas, la belleza del ser y lo infinito y misterioso de la vida.

Disfruto del movimiento, físico y mental. Me gusta desplazarme, curiosear lo ajeno, descubrirme en diferentes contextos. Viajar me hace libre, me pone el corazón a bombear sangre, me alimenta la creatividad y me sorprende; me enseña la humanidad que nos hace y me complace con paisajes, rostros, sabores, olores, colores  y emociones que justifican la existencia.

El arte me alimenta, recorrer museos, galerías o simplemente ver el trabajo de artistas plásticos, cantantes, escritores, cineastas, arquitectos o actores, me deja atónita frente a la realidad. Me guste o no, las creaciones de los demás le dan sentido a lo que soy y me ponen a pensar; y pensar es importante, no siempre, pero lo es. Allí en el pensamiento habitan los recuerdos que he decidido que hagan parte de mi, éstos se conjugan con las emociones recientes y se convierten en mi forma de ser. Saberlo está bien.

Recordé que hace casi dos años hice este mismo ejercicio; en ese momento una prueba para proceso laborar fue la excusa. Ahora espero seguir haciendo este ejercicio cada par de años. En ese momento escribí características que ya no me representan. Otras que como las que dejo a continuación, aún me definen:

No soy pesimista, pero tampoco creo en la utopía de la armonía universal, sería ingenua si así fuera. Me encanta hablar. Escribo todo con tintas de colores, la mas mínima tarea, el mas descabellado pensamiento, la dirección mas básica. Amo lo que hago, pero me descompongo cuando idealizo, porque soy y reconozco en los otros, seres de carne y hueso, errantes. Tengo días buenos. Tengo días malos. Muevo mucho las manos al hablar y hago muecas que me caracterizan. Tengo miedos. Detesto el invierno. Me encanta viajar pero también me encanta volver. Volver me gusta mucho. Amo la casa, creo que no hay nada más importante que el hogar.

Soy más de ciudad, de museos, de calle, de mercados, de comida en las esquinas. Colecciono pequeños detalles y tengo una colección de notas íntimas, diarios de viaje y cuadernos de los últimos 2 años de mi vida. Quemé las notas de años atrás. No me gusta estornudar duro, nunca me he quebrado ningún hueso y le tengo miedo al dolor físico. Siempre creo que todo saldrá bien y sino, que también pasará.

Papá me dio el nombre: Stefanía Ramírez Gutiérrez, vivo en este planeta hace 25 años, 10 de ellos plenamente consiente de mi tránsito. Querer mejorar mi disciplina y las ideas para mi proceso creativo de escritura me trajo hasta aquí, a compartir esto contigo.

*Escrito en marzo de 2018. De la serie Leer – me.
Foto tomada por Juan Felipe Garcés: https://www.felipegarces.com/