Londoñero, vuela sin compromiso

Existe una larga lista de ilustradoras que en el país se han ido convirtiendo en referentes artísticos de la realidad. Marcela Quiroz, Power Paola, Elizabeth Builes, Lorena Álvarez, Katalina Vásquez, María Pulina Restrepo, Alejandra Gómez y muchas otras que no están en esta pequeña lista y las muchísimas otras que faltan por descubrir. Y sin hablar, por supuesto, de las ilustradoras extranjeras o de los grandes proyectos como Pictoline o Ilustracional.

Este es un acercamiento a la historia sencilla de una de las ilustradoras que emerge en la ciudad. Una que se atreve a mostrar su trabajo, gracias a las redes sociales y la identificación que permiten, que cuenta su versión de la cotidianidad y aporta a la cultura creativa en la que cada día se encuentra más refugio.

Carolina Salazar Londoño – Carolita-

Carolina tiene el pelo corto y muy rubio. Inquieto. Se lo toca cada un par de minutos. Lo recoge, lo suelta, lo organiza hacía el lado izquierdo mientras sonríe. El viento hace de contrincante y le exige jamás quedarse quieta con su pelo. En realidad, jamás se queda quieta con nada.

Retrata la cotidianidad y la comparte.
-Compartir la vida es una necesidad, dice. Las ilustraciones que van y vienen son todo lo que tiene y se manifiestan en los pequeños papelitos y lápices de colores que lleva con ella a todos lados.

Los compañeros de vida que elegimos dicen mucho de nosotros, los de Carolina la tildan de ilustradora.
Ilustrar es la forma que tiene para poner en común la forma de ver y comprender el mundo. Compartir. Dar y darse en cada trazo.

Carolina es diseñadora gráfica de Bellas Artes, antes quería ser odontóloga, médica veterinaria y hasta abogada. Vive en Medellín, pero le corre por las venas el frío de Sonsón, el pueblo en el que nació. Le gusta viajar, jugar con el barro y ver gifs. Tiene su feed de Facebook lleno de estas cortas secuencias de video que tanto inspiran y representan.

Las ilustraciones van saliendo, son desahogo

 Tiene mala memoria. Cuando habla del inicio de su trabajo, no recuerda muy bien algunos aspectos. Sin embargo, no olvida lo esencial; en el ir y venir de los papeles, los colores, las formas y las letras, perdió uno de sus primeros dibujos, uno que su mamá guardó como un tesoro durante varios años hasta que llegó a la universidad y se lo regaló sin pensar que lo iba a perder: un trozo de papel amarillo en el que estaba pintando un pájaro acompañado de la frase “Londoñero vuela sin compromiso”, un lema que la acompañó durante los años de su adolescencia y muchos de su vida adulta, la primera imagen que se le viene a la cabeza cuando habla del inicio de sus ilustraciones, estando muy pequeña.

Tampoco recuerda qué estaba haciendo cuando recibió el chat de una mujer contándole que sus cuadros adornan hoy la sala de su casaen Alemania.
Para la Fiesta del libro y la cultura del año 2012, recibió la invitación de una amiga a participar como ilustradora invitada al muro de Sinsalabin, en el que realizó una serie de ilustraciones sobre Zorros de fábula.
Allí vendió sus primeros tres cuadros a una desconocida de la que no supo nada hasta que en el 2016 recibió, vía chat de Facebook, la foto que evidencia la existencia de sus obras al otro lado del mundo.

Va pasando la vida, cargada de encuentros involuntarios que la guían por el camino de al representación que a través de las instantaneas que se quedan en al cabeza, saca, pinta y colorea.

 

Sólo hace dos meses dio por terminado su proceso laborar en el diario más importante de la ciudad para dedicarse tiempo completo a ilustrar y crear. A seguir dando línea y color a esas escenas cotidianas que se cruza en su entrecejo y ponen en movimiento las manos hasta crear una imagen que luego comparte para hacer catarsis y entregar todo lo que siente. Todo lo que tiene.

Carolina y Ana
-La historia por contar-

Su hermana se llama Ana. Y esto es importante, porque es especial. Sólo uno de cada 90 casos de embarazos corresponde a mellizos. Carolina ama a Ana con cada una de las similitudes que han heredado físicamente y a pesar de las diferencias abismales que tienen en el carácter. También hace especial la relación con su melliza, que es precisamente sobre su relación con ella sobre lo que ahora trabaja Carolita: una publicación ilustrada para compartir su vida en el mundo al lado al lado de un ser, físicamente, idéntico a ella. La anécdota de su vida, ahora pensada en ser contada a través de imágenes que introducen al mundo de la hermandad idéntica que tanto emociona y cuestiona.

Y es que es lo curioso, lo familiar, lo propio y lo cotidiano, lo que se puede ver en las ilustraciones de Carolina. Si compartir la vida es una necesidad, hacerlo desde lo más básico y esencial es deber. Aunque no sea fácil.

No es fácil darse. No es fácil ilustrar y creer que puede vivir plenamente de este oficio.
-Lo más difícil es creerse bueno, saber que lo que se hace está bien y empezar a darle el valor que merece. Reconocer que hay miles de personas ilustrando es increíble. Afirma.

Todo el tiempo estamos viendo imágenes, ilustraciones. A veces se cree que mientras avanzan los años, nos tenemos que acercar más a las letras pero la ilustración, como representación vital de la realidad, está arrasando en propuestas gráficas y narrativas llenas de significado.
Desde la cotidianidad, temática arraigada al trabajo de Carolina, hasta la ciencia que logra explicar Pictoline, la ilustración se va convirtiendo en una excelente propuesta de lectura con la que relajarse y poner la lupa sobre lo cotidiano.

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