Que yo sepa, nadie tiene pelos en la lengua

Hace unos años estaba en el colegio. Estaba en 11, el último año. Todo parecía bien, y lo estaba. En clase de Español, mi favorita, Arcadio, el profesor, un día nos preparó  un ejercicio. Algo así como 2 cuadrillas para escribir lo que quisiéramos. ¡Jum!

Yo en esa época estaba muy enamoradilla de un niño de mi clase. No supe por qué. Ahora sí, supongo que en ese momento él era el único de hacerme dar ganas de besarlo, era el único que me inspiraba un sincero abrazo, era él que me gustaba, era él al único que veía diferente entre los demás y punto.

Yo decidí, como ejercicio de clase,  escribir mis sentimientos por él y dejarlos en secreto entre Arcadio y yo. ¿Quién más se iba a enterar? Nadie, pensé. Y por supuesto, estaba equivocada.

Después de varias clases, Arcadio decide “socializar” los ejercicios, “vamos a leer unos cuántos…” dijo. ‘Por supuesto el mío no será leído, imposible que saquen el mío entre más de 40 que son’, pensé y volví a equivocarme. Fui la primera, mi ejercicio fue sacado por una compañera, que entre el montón, al parecer vio el mío como el más novedoso y único ejercicio por leer.

Casi no salgo al frente. Mi cuerpo se paralizó, no fui capaz ni de maldecirla a ella por sacarme, ni maldecirme a mí misma por tener tan mala suerte. ¡Qué horror!

Arcadio sonrió, claro, él ya sabía de qué se trataba y estaba tan asombrado como yo. Me ayudó un poco. Primero describió lo bien escrito que estaba mi ejercicio y lo bonito que era encontrar en un ejercicio académico la intimidad de los sentimientos de sus estudiantes. ‘Sí gran guevón, súper bonito’, pensé.

No sé cómo salí y le leí, sí,  a mi compañero de clase, que era además mi “gran amor” por esos días, las letras que había escrito pensando en él. Paré en algunos fragmentos para darle tiempo a los suspiros de emoción, nerviosismo y rabia que se confundían en el momento. Menos mal, era tan secreto ese sentimiento que nadie tuvo con quién asociar el instante. Eso sí, luego del punto final, no faltaron las preguntas, el idiota del curso gozándome y hasta el profe diciendo que no era tan difícil la cosa. Qué no era tan difícil contarle al otro lo que se estaba sintiendo.

El niño y yo, nunca tuvimos nada. Cuando salimos del Colegio, como un año y medio después, le recordé ese día y le conté que fue él quien inspiró las letras. Para ese momento ya no me gustaba, es más, ya ni lo veía diferente como todos los demás ni me inspiraba nada. Qué bobada, él me dijo que él se moría por mí  y que seguramente hubiéramos podido tener algo. Idiotas. Idiota yo, idiota él. Idiotas los dos, idiotas todos.

Eso fue una lección, y se quedó aquí para siempre.

Y recuerdo todo esto porque por esos días, de nuevo, estoy viendo a un hombre totalmente diferente a todos los demás, estoy viendo a un hombre que me encanta. Desde esa vez, la vez del colegio, decidí que iba a ser “valiente” y le iba a decir a todo  a la persona  que me encantara, todo lo que yo sentía. Y contra todo presupuesto, contexto, emociones y circunstancias, iba a ser sincera  y a compartir mis sentimientos.

Es el momento más equivocado. Estamos a kilómetros y años de estar juntos. Pero como la vez que leí mi declaración no oficial  en el colegio, esta vez que cuento le mi declaración oficial a él, nada pierdo. Porque todo es a dos velocidades <<Ahora//Nunca>> Todo hay que compartirlo y no quedarse con nada, luego la vida pasa cuenta de cobro y de pronto nos coge sin fondos para pagarle.

One Comment:

  1. Gracias Stef!! :) Me encantó!

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