Quien lo vive es quien lo goza. O no

Viví la pasada versión del Hay Festival en Cartagena. Por primera vez estuve en ese escenario rodeada de escritores con obras maravillosas, con reconocidos periodistas, actores, artistas y políticos, estuve rodeada de estudiantes como yo y estuve, sobre todo, rodeada de una deplorable actitud humana, muy de moda en este país, el egoísmo, la indiferencia también, aunque podría  llamarla  exclusión. En cualquier caso, lo que quiero decir, es que  sentí que a muchos en este país no les importa nada, ni siquiera el otro, el que tienen ahí cerquita, con el que seguramente se compartiría un espacio por algún momento.

El Hay Festival lleva nueve años en Colombia, nueve ediciones en Cartagena reuniendo a los mejores, buenos y no tan buenos personajes que marcan importantes registros en la historia cultural de nuestro país y del mundo.  Fui este año por primera vez con la ilusión de ver a Tomás González, para mí, el mejor, de escuchar a Gael García y encontrarme a Rosa Montero para abrazarla y decirle cuánto me gusta. Esperaba ver también a Yoani Sanchez, a Piedad Bonnett y escuchar de nuevo  a Campanela. Lo hice, sí, de la lista, me falto ver a Piedad Bonnett, a ella la oí de lejos, pero no la vi nunca. Mi posición de Estudiante no me lo permitió, tener el título de estudiante me ubicó al final del salón, parada y sin oportunidad de acercarme a ella.

Hay festival, cartagena

Una charla a la que sí pude entrar

El Hay dice: “el 20% del aforo de los eventos del programa general se ofrecerán de manera gratuita a estudiantes acreditados hasta completar cupo.” y lo cumple. Yo llegué a Cartagena, reclamé mi escarapela y con ella garantizaba la entrada a 10 conferencias. Me ahorré 200.000 pesos, pensé. Pero también me gané una enorme decepción cuando vi que esa escarapela sólo significaba un título que tachaba mi derecho a ser parte del Festival, mi derecho a ser parte del show. En algunos escenarios a los estudiantes que de manera gratuita accedimos a las charlas del Hay, nos pidieron hacer la fila a un lado de al fila de quiénes sí habían comprado la boleta, al lado de la prensa, de los invitados especiales, de los escritores, de los políticos, de los actores, de los artistas y de los amigos, de los amigos del amigo de alguno de los anteriores.  A los estudiantes nos dejaban entrar luego de ellos, si mucho 10 min antes cuando era difícil encontrar una silla cerca del escenario o incluso, como pasó en el encuentro llamado “El duelo en el papel” que se realizó en el Centro de Formación de la Cooperación Española y en el que estuvieron  Piedad Bonnett, Rosa Montero y David Rieff  en conversación con Héctor Abad Faciolince , en el que nos dejaron entrar cuando ya iban 3 min de la charla y la invitación a pasar fue esta frase de una de las organizadoras: – “Los vamos a dejar pasar, se ubican por favor al final y parados, gracias”  Me acerqué a ella, y esto fue lo que me dijo:

El audio se corta ahí tal cual como se puede escuchar, al parecer, estaba organizando algo para Daniel Samper y eso era, obviamente, más importante que darle una explicación a los estudiantes.  Dijo que se le daba prioridad a los de Boleta, claro, en la escarapela dice algo como “se ha estimado un cupo de asientos destinados a aquellas personas que portan acreditación”  ¡Mentira! Nos iba a tocar parados, no habían cupos para nosotros.

Dijo que como estudiantes podíamos entrar a todas las charlas. ¡Mentira!  Sólo podíamos entrar a 10 según el registro que hicimos para poder obtener la acreditación,  si era que nos dejaban.

Antes, había hablado con otra de las organizadoras, ella por el contrario, fue amable y nos quiso ayudar, pero Carmen, la encargada principal a la que nunca vi, la mandó a llamar y ahí acabó todo esfuerzo por parte de ella.

Durante la fila, que a veces  era de una hora aproximadamente, uno podía ver el desfile de personajes nacionales, la más alta especie humana de nuestro país, dirían algunos, las más preocupadas y capacitadas personas para promover cambios en nuestros país, de todo, y pocos se  preguntaron  o siquiera se percataron de una fila a su lado. Si alguno lo hizo, solo preguntó si era esa fila oficial y al reconocer la respuesta del no, seguía derecho hacia la entrada. A ninguna de estos personajes le importó la fila de los estudiantes, a ninguna de esas “celebridades” le importó si finalmente nos iban a dejar entrar para asistir al evento, para verlos, para compartir con ellos. Una total tristeza.

El Hay es un encuentro que en Colombia podría ser bello, mucho. Pero el Hay es una fiesta y como todo festival, es el reflejo cultural del lugar en el que se desarrolla, esto es, desorden, desinformación, gente metida en las filas, irrespeto por la palabra del otro, pero aún más grave, irrespeto por la diferencia, el Hay en Cartagena es el gran y claro reflejo de la desigualdad y la exclusión que que vivimos en  Colombia, del egoísmo que nos acompaña  porque no encontramos interés en lo que le pasa al otro y sobre todo es la versión de cultura de la que no pienso volver a ser parte.

Me quede con el sin sabor de comprobar personalmente que el arribismo y la exclusión son el principal tema de este festival literario y cultural, me quedé con el sin sabor de encontrar en escritores, artistas y periodistas que han llamado mi atención,  que muchas veces sus letras no coinciden con lo que hacen, pues más de uno pasó por el lado de la fila de los estudiantes y no se percató de que estábamos ahí, casi que luchando por un espacio para verlos y poder compartir con ellos.

No somos los estudiantes el presente, mucho menos el futuro, de la sociedad que se piensa en ese festival.  Y sin embargo sí somos capaces de  pensar y pensarnos las cosas de otra manera y elegir por ejemplo, no volver a ser parte de eso, como algunos ya lo manifestamos.

Comparto este artículo de la BBC, muy de acuerdo con lo que plantea el autor.

Hay festival cartagena

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