Parar para continuar

Cuando no pasé a periodismo en la Universidad de Antioquia, por allá cuando tenía 16 años, me sentí la adolescente más frustrada del mundo, lloré millones de mililitros de lágrimas y hasta terminé con el novio de turno por no acompañarme en semejante tragedia. 

Un semestre después, cuando pasé a Comunicaciones en la misma Universidad volví prácticamente a nacer, porque estudiar era lo único que quería y después de la primera derrota, empezar en un pregrado que, desde el plan de estudio pintaba más amplio, era la mejor oportunidad de la vida. Porque estudiar es la única opción que nos venden muchos, y es la idea que nos creemos muchos antes de abrir los ojos y pasar por el proceso académico. Errada, sí. 

Llevo 10 semestres en la universidad, los mejores de mi vida, claro, porque los pasé en la etapa en la que mejor he sido consiente de quién soy y qué quiero. Aunque a veces no parezca. Si hubiera sido “juiciosa” como quiere el plan de estudios, los profes y la universidad, hace un año hubiera terminado todo y en 8 semestres, según el papel, me hubiera graduado posiblemente con honores, de Comunicadora ¡Qué triunfo! Y sería parte del selecto grupo de ciudadanos de bien que estudian y trabajan por su país. Claro. 

Pero no. Me he entretenido en el mundo laboral. Sí, me maduré biche en muchas cosas, lo acepto. Y eso me ha costado hasta lágrimas. Pero también me he entretenido en otras cosas. Hice un semestre en otra universidad y me he divertido realizando los trabajos que proponen (obligan, (algunos)) los docentes. Porque aprendí a creer en mi carrera y todavía veo (y espero ver así, siempre) romanticamente la comunicación, como un proceso que sí puede transformar el mundo, mi mundo. También vi materias en otras facultades y cursos de cuanto tema me ha llamado la atención, desafiando al docente que alguna vez cuestionó la pertinencia de tenerme en el pregrado, porque yo no tenía claras mis prioridades académicas cuando decidí cancelar un curso para poder tener más tiempo de ver un diplomado de periodismo al que me inscribí. 

… todo esto, porque entrando a la recta final, bueno entrando no, ya estoy en ella, creo, terminar el pregrado no parece una opción, pero sí una necesidad y obligación. 

No quisiera dejar el proceso académico en el pregrado de comunicaciones, pero pienso que no es justo seguir tolerando los procesos metodológicos que se dan en algunas aulas. Con docentes que nos dicen que han hecho miles de lecturas y aproximaciones teóricas a un montón de autores, pero que se quedan con la misma imagen de la escuela que les enseñó a ellos a cumplir reglas rígidas, con pocas opciones de diálogo, donde el ego reina, el acompañamiento no existe y el tiempo tampoco. O donde no se prepara clase y la improvisación es la reina. 

Han sido más los profesores buenos. Eso jamás lo puedo negar.  Han sido más los maestros que desde su amor por la academia y los procesos llegan al aula a compartir lo que saben y ver qué pueden construir con nosotros, sus estudiantes. Y sobretodo, han sido más los profes que tiene uno siempre en mente y por los que quizá, todavía pienso que no es pertinente terminar.

Sin embargo, no hay tiempo. No hay tiempo para preparar el proyecto de grado, no hay tiempo para el trabajo de campo y menos hay tiempo para el análisis. La cosa es que en 4 meses tiene que estar lista la cosa (el trabajo de grado) y ya tengo 3 semanas menos. Y no es que no sea posible, puede serlo, ¿pero es pertinente que los estudiantes se enfrenten a una tesis en 4 meses? Cuando es este ejercicio el que determina su paso a seguir en la continuidad de su formación académica y profesional, inacabable, por demás. Bueno, yo creo que no y por eso el desahogo. 

El punto es que no puede ser posible que en una universidad en la que hay una Facultad de Educación investigando durante un montón de tiempo metodología para los procesos académicos, tengamos que vernos con docentes y procesos que no permiten la reflexión y que no ofrecen tiempo para declarar juiciosamente qué es lo que quiere/puede/es pertinente hacer en nuestra disciplina. 

Qué no reine más la escuela de “doña Rita” y que desde la Universidad nos den alas para entrar en procesos que se puedan desarrollar conscientemente, con pertinencia, reflexión y metodologías acordes al trabajo en red, la convergencia de medios y el ensayo/ error constante ¿O es que por estar en la Universidad no nos podemos equivocar y volver a empezar? 

 

*Hay que volver a dejar claro que esto no es más que un desahogo del momento, con mucha verdad en su contenido. Que entiendo totalmente que no es la Facultad ni muchos menos la Universidad, las instituciones del problema estructural (porque de buscar culpables, los podría encontrar en el estado). Sin embargo, sí creo que es posible, con pequeñas acciones, cambiar las metodologías de trabajo y proponer formas más oportunas y pertinentes de ayudar a una persona a llevar su proceso académico. 

 

 

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