Stop, ¿saludaste al pasar?

Hace unos días escribí Las cosas que dicen. Y las que se hacen, pensando en esos pequeños procesos  que deberíamos hacer todos cada día para lograr en realidad la paz y no esperar que uno cuantos la firmen en otro lugar.

El caso es, que entre esas pequeñas cosas, hice referencia el noble, desinteresado y gratuito acto de saludar, dar las gracias o simplemente sonreír.

Hoy, por mi trabajo, tuve que estar en una de las entradas de la Universidad de Antioquia repartiendo una información de interés para las personas que estaban presentando el examen de admisión. 30.181 en total, este semestre. Digamos que por la puerta en la que yo estaba, en la primera jornada, a.m. de 9 a 12, pasaron unas mil personas. Digamos.

 

2014-06-03 08.49.20

Me pare con la información para compartir y la empecé a distribuir. Sin decir una palabra, simplemente acercando mi mano a la de las personas que iban pasando. No funcionaba, pensé cómo me gustaría recibir la información en un momento tan importante como el de presentar el examen de admisión, en el que solo me importa encontrar el salón y no tener problemas con la credencial o el número de silla. Y entonces, los empece a saludar, uno por uno, sin que importara si era ignorada o si por el contrario, como algunos lo hicieron, me saludaban, daban las gracias y se despedían. Algo que me alegraba.

La cosa mejoro algo, sin embargo, además de no conseguir que recibieran mi volante, tampoco logré llamar al atención, recibir un “buen día” igual al mío, unas gracias o una sonrisa, de un  porcentaje  más alto de personas.

Pensé que era una mala hora, que el afán no permitía tener un acto de cordialidad con el otro y que esa búsqueda de lograr sólo mi objetivo, a veces nos ciega. Bueno, seguiré intentando.

Lo encontré en la Facultad de Odontología. A propósito de lo que estaba pensando.

Lo encontré en la Facultad de Odontología. A propósito de lo que estaba pensando.

En la tarde, pasé a otra portería en otra sede del examen. Repartí la información a la salida, cuando ya, supuestamente, no había afán. Entre las 4 y 6 de la tarde.

Lo mismo, pocos indices de respuesta, de saludo, de sonrisa.

Si no era el afán, pensé entonces que era el cansancio de la prueba, pero no. Nada debe justificar la falta de voluntad para hacer bien las cosas, para saludar, dar las gracias, pedir un favor o sonreír al que nos hace un bien.

Nadie tenía que recibir obligatoriamente lo que tenía en mi mano. Es un derecho decidir qué se quiere recibir y que no. Pero la indiferencia o el irrespeto cuando no agradezco, es una actitud deplorable.

¿Qué tipo de personas van a entrar a la Universidad, si desde el inicio del proceso no muestran las mínimas actitudes de una buena persona? ¿Se están preocupando mucho por ser profesionales y nada por ser buenas personas?

No digo que haya que andar por el mundo sonriendo, saludando… Si uno no quiere, no lo hace, si uno está de mal genio tampoco. Si uno no es muy sociable, no. Pero yo sí digo, que si debemos mirar a los ojos, y dar las gracias o hacer algún gesto al que me entrega algo que decidí recibir.

Me quedó el sinsabor, me quedó la tristeza de ver tanto joven despistado, desinteresado e indiferente.

¿Y usted, ya dio las gracias?

¿Y usted, ya dio las gracias?

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