Tener miedo, estar sola y no poder ni gritar

Relato de un mal momento.

Salí del Jardín Botánico, estaba en la Fiesta del libro y decidí luego de un rato volver a casa. Estaba sola y quise caminar hasta la calle Barranquilla para coger el Circular Coonatra que me dejara cerca. El que cogía todos los días para volver a mi casa luego de estar en la U.

Siempre me han dicho que esa zona no es segura, que siempre atracan y cosas así. Bueno. A mí nunca me habían atracado, nunca alguien me había robado de frente o a atentado de alguna forma contra mi integridad, así que nunca he hecho caso a los comentarios que hacen sobre las calles de la Ciudad; yo  voy cuidadosa, pendiente de lo que pasa para evitarlo si es posible y simplemente seguir el camino.
El caso fue que empecé a bajar hasta el paradero de bus del Coonatra que es el que queda más cerca la puerta de la U. A lo lejos, vi que un hombre estaba orinando en uno de los arbustos entonces no seguí avanzando y mejor me senté en uno de los paraderos a esperar. Pasó menos de un minuto y este hombre se acercó, me pareció curioso, pero no me dio miedo hasta que empecé a oír murmullos, se fue acercando más a la banca y se paró ahí. Empecé a sentir la incomodidad. Me desesperé rápidamente y empecé a sentirme sola, minúscula y vulnerable. Me paré, di unos tres pasos hacía la calle y miré hacía atrás, vi a un señor adulto y me tranquilicé un poco. No bastó. Este hombre, me miraba, lo hacía de arriba a abajo y me supo intimidar hasta que las peores cosas se pasaran por mi cabeza. No sabía que hacer, tenía mucho miedo. Mucho.
Una pareja se acercó y se sentó en el lugar en el que antes estaba yo, fue una pequeña paz, pues pensé que hasta ahí iba a llegar la incomodidad. No. En  un bus de Transportes Medellín se montaron los dos chicos, el hombre se empezó a acercar más y yo temblando y muerta del susto, miré de nuevo hacía atrás, vi que el señor mayor que antes había visto ya no estaba y me sentí sin esperanza, intranquila y nuevamente vulnerable.
Volví a mirar hacia arriba con el hombre mucho más cerca de mí, vi que el bus se acercaba  y decidí caminar hacía abajo. Yo en ese momento, ya estaba llorando. Con cada paso, salía una lagrima. El bus paro, como nunca, en el paradero en el que antes yo estaba, así que me tocó volver a subir, el hombre me miraba, y se reía. Noté que mientras me  subía al bus, miraba cada paso que yo daba, se volvió a reír y no fui capaz de ver qué pasó luego de que el bus arrancó, solo le pedía a la vida que ese hombre no se montara también.

Tomada de: Facebook Vaginario feminista

Tomada de: Facebook Vaginario feminista

Ya en el bus, lloré, en cualquier otra circunstancia, yo hubiera gritado, hubiera buscado ayuda o hasta hubiera hablado con el hombre. Me sentí humillada, muerta del miedo y sin capacidad alguna de hacer algo. Pensaba muchas cosas en el bus, ¿qué me habría pasado si ese hombre me hubiera dicho algo o me hubiera sacado un arma?, ¿por qué a mí?, ¿por qué me iba a robar si nunca saqué algo que mostrara que en bolso tenía cosas de valor?, ¿por qué hay personas  así de desagradables en esta Ciudad?, ¿será que no me robo porque había gente al rededor?, ¿por qué, por qué, por qué… ?. Personas con apariencia más desagradable se me han acercado y  yo nunca había quedado así de incapacitada para hacer algo. En mi bolso, no tenía más que una chaqueta, una sombrilla, mi cédula, diez mil pesos y un libro. No tengo celular, no tenía plata, mi pinta no representaba mucho y sin embargo, y sin embargo… No hay respuestas para esas cosas. Nunca, con tanto que ando yo la calle, me había sentido de esta manera. No me quitaron nada material. Pero me quitaron la tranquilidad. No me quitaron el bolso con la chaqueta y el libro, pero sí me quitaron la seguridad y me dejaron sin palabras, llena de miedos y sin ganas de volver a ir a coger sola un bus en ese lugar.

Me bajé del bus en el lugar de siempre, a dos cuadras de mi casa. Hoy se hicieron eternas. No pude saludar como siempre al señor de la tienda y casi no logro abrir la puerta de mi portaría, tenía mucho miedo y no podía hablar. Después, me acordé del robo que sufrió Perla Toro, a ella, además de la tranquilidad, sí le robaron algo material. Cuando ella compartió su tristeza, me sentí mal  porque esas cosas no deberían pasar y lo que más impotencia me da, es pensar que por donde camine en este Ciudad, definitivamente no lo puede uno hacer sin sentir miedo, sin estar intranquilo.

Me duele el sentimiento, la sensación, me duele mucho no volver a pasar por ese sitio que es tan común en mi vida, sin volver a recordar el rostro de ese hombre sin volver a sentir esa mezcla de sensaciones dañinas que me hacen estar muerta del miedo en esta Ciudad.

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